Hace poco más de un año nuestras vidas comenzaron a cambiar, algunos al principio pensaron que sería algo pasajero, que en unos meses todo volvería a ser como antes, pero pronto se empezaron a dar cuenta que no sería así. Nos encerraron en cuarentena quedando aislados, se acabaron las fiestas, las reuniones, las visitas, los abrazos. Todo esto para ¨ganar tiempo¨, pero el tiempo no es eterno, por eso hay que aprovecharlo. Nuestras autoridades no lo hicieron.
Pero esto recién comenzaba y lo peor estaba por venir, nos dimos cuenta que no estábamos preparados para esta pandemia, y no teníamos un gobierno con gente capaz de tener una respuesta organizada. Años de clientelismo, de colocar amiguitos en los puestos del Estado sin que lo merezcan, años de mirar hacia otro lado mientras se creaban puestos de trabajo innecesarios solo para retribuir favores, institucionalizando la política del ¨sellito¨ donde luego quedaríamos atrapados y ahogados hasta la desesperación.
La gente más vulnerable, lo más pobres que solo tienen tiempo para buscar cómo sobrevivir en el día fueron los primeros en sufrir las consecuencias de malos planes contra la pandemia hechos por burócratas que por años se han estado premiando entre sí, pero a la hora de la verdad la realidad les dio en la cara. Aunque el golpe como siempre no se lo llevaron ellos, sino los más pobres cuando se vieron inmersos en planes que pedían que se laven las manos, pero no consideraban que no tenían agua ni desagüe en sus casas, que les exigían quedarse en casa y no entendían que no tenían que comer para ese día si no salían. Y por supuesto no faltaron los superiores morales, esos que llenos de soberbia siempre señalan, pero nunca son culpables de nada. Recordemos grandes campañas en los medios de comunicación que enrostraba la culpa del crecimiento de los contagios a los ciudadanos, pero nunca decía nada del gobierno.
Empezamos a ver que amigos y familiares desesperados buscando sitio en los hospitales, oxígeno, respiradores y camas UCI. Vimos cómo tenían que hacer colectas, vender autos, vender sus terrenos, y gastarse todo para tratar de salvar a sus familiares, de los cuales finalmente muchos de ellos fallecieron.
Luego empezamos simplemente a contar los muertos por miles y los seguimos contando, creo que no me equivoco si digo que al día de hoy ya no hay nadie que no tenga un amigo o un familiar muerto por este desastre causado no solo por la pandemia, sino también por la incapacidad del gobierno y sus funcionarios. Cada vida importa, cada muerto cuenta y sin duda nunca olvidaremos a los nuestros, pero sobre todo nunca olvidaremos a los responsables.
@sandrostapleton

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