La crisis política de los ocho días debe dejarnos varias lecciones. Primera: “No comiences una batalla si sabes que no la ganarás”. Iniciar un conflicto para generar expectativas, provocada por indignación basada en hechos reales, políticos o jurídicos, no es suficiente. Especialmente si es que no cuentas con los votos o el poder social necesario.
Segunda: “No llames por teléfono, porque sólo eres dueño de tu silencio y esclavo de tus palabras”. Sobre todo, en un contexto en donde la guerra está declarada, y los enemigos son “invisibles” y están a la mano de cualquier postor.
Tercera: “No estamos en una monarquía. Debes ceñirte a las reglas constitucionales que están por encima de cualquier persona que tiene poder con fecha de caducidad”. Los gobernantes sólo son empleados públicos y se deben a las normas por las cuales juraron. Deben saber que están sujetos a ellas y que no vale ninguna interpretación para zafarse de sus implicancias.
Cuarta: “Un parlamento fragmentado no te garantiza perdurabilidad, lo que significa que los acuerdos son pasajeros y dinámicos”. La ciencia no te enseña a gobernar un parlamento con bancadas cuyo número es mayor que los días de la semana; aquí entra el arte, el olfato, la persuasión y el liderazgo democrático.
Quinta: “Política no es sinónimo de justicia”. El Parlamento es un órgano político, no jurídico. Ya es hora que el Parlamento desarrolle sus instituciones de control político y dejar de lado las reglas jurídicas, que lo único que hacen es confundir a la población y crear más ignorancia. Los poderes parlamentarios (ojo, no digo Legislativo) y Judicial son diferentes, por lo que cada uno debe tener sus propias reglas que garanticen sus debidos procesos.
Sexta: “Está bien que pongas el pecho, pero hazlo con corbata”. El aspecto físico y la apariencia también comunican. La opinión pública podría interpretar como una falta de respeto la asistencia a un juicio político sin la vestimenta adecuada, salvo que lo que busques comunicar realmente sea desdén y desprecio.
Séptima: “El Poder Parlamentario y el Poder Ejecutivo tienen reglas que deben respetar para generar gobernabilidad”. La interferencia entre poderes debe terminar para garantizar un clima de estabilidad en todos los niveles.
Octava: “Toda crisis es una oportunidad”. Lamentablemente, ante la incapacidad que tienen los líderes de los poderes parlamentario y Ejecutivo, para la convivencia política, se precisa a la Iglesia como conciliadora y que les diga que en democracia no hay reyecillos.