No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista, dice el dicho popular. Y calza con exactitud con lo que sucede en Cuba, dominada desde hace 60 años por el comunismo. El hartazgo de una población sometida por una dictadura, sumada a las carencias más elementales para llevar una vida digna y la falta, principalmente, de libertad han conducido a protestar a viva voz en 50 lugares del país y al mismo tiempo el pasado 11 de julio. Las redes sociales dieron cuenta, hasta donde se pudo, de la ira contenida en la población, sin importar edades ni ocupación.

El detonante que hizo convertir en realidad aquello que se encontraba en ebullición fue encontrar un pueblo desbastecido, en extremo, de alimentos y medicamentos y un sistema de salud colapsado por los estragos ocasionados por el COVID-19, sumado a ello la escasez de fluido eléctrico y la represión política cada vez más fuerte y silenciosa que sufre la población desde que Fidel Castro instaurara en la Isla el comunismo, con engaños iniciales de que se trataba de un gobierno de cambios sociales y nada más, como se pretende ahora con nosotros.

Los cubanos no aguantaron más. Miles de ellos salieron a las calles de manera inédita, para reclamar a viva voz atención a sus problemas más esenciales y reclamar su derecho a la libertad.

Hombres y mujeres de todas las edades, como vimos en las pocas veces que pudieron utilizar las redes sociales, ganaron los espacios públicos de medio centenar de lugares a lo largo y ancho del pequeño país, para clamar por el fin de la dictadura, bajo el grito “no más oprobio en la isla”

La prensa internacional y las distintas plataformas digitales existentes en las redes sociales dieron cuenta de imágenes elocuentes con personas agitando sus reclamos, enfrentándose de manera desigual a los miembros oficiales de la policía y a los otros que, infiltrados entre ellos, sirven de elementos represores y de provocación.

El pueblo cubano ha perdido el miedo y optado por salir a las calles. No más dictadura, no más autoritarismo, no más conculcación de libertades elementales como el derecho a expresarse. Quizás lo ocurrido sea el punto inicial de quiebre para enfrentar lo que Cuba vive por dentro. Es una leve esperanza de alerta, además, para aquellos países que, como nosotros, pretenden instaurar un régimen similar. Ello nos obliga a permanecer alertas, tanto más que el factótum del partido Perú Libre, formado en Cuba, se ha declarado sin tapujos como un marxista a carta cabal.

Según se informó en algunas plataformas digitales de prensa, a principios de esta semana el gobierno reconoció, luego de varias denuncias de la sociedad civil, el primer fallecido en las protestas callejeras. Se trataba de un ciudadano de 36 años que participaba en una manifestación ocurrida en la capital cubana. La víctima, identificada como Diubis Laurencio Tejeda, murió durante un enfrentamiento entre manifestantes y fuerzas de seguridad. La misma información dio cuenta que el corte del servicio de internet por el régimen impidió que las denuncias de los arrestos salgan a la luz con prontitud. Según la versión del Ministerio del Interior, los manifestantes “alteraron el orden e intentaron dirigirse hacia la Estación de la Policía Nacional Revolucionaria de ese territorio, con el objetivo de agredir a sus efectivos y dañar la instalación”. Sin embargo, otros videos compartidos en redes sociales dieron cuenta de varios muertos, heridos, detenidos y desaparecidos. “No se sabe con precisión cuántos ni dónde, porque el corte de internet y de líneas telefónicas es generalizado en Cuba, pero poco a poco, vía túneles encriptados, mensajería y redes sociales, se va conociendo el saldo de la represión contra el levantamiento popular”, dice la información. Es un claro ejemplo de la capacidad que tienen los pueblos de ejercer su derecho a la insurgencia cuando de gobiernos antidemocráticos se trata. Ojalá nos equivoquemos y no tengamos necesidad, en el Perú, de ejercer aquello que nos permite nuestra Constitución.

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