Estaba de pie, en la azotea de un edificio, con las manos abiertas como si acaso de esa forma se conectaba con la energía de aquellos diez mil ciudadanos que escuchaban con especial atención el discurso de un Alan García de 51 años, con un mensaje distinto al de aquel joven que a los 35 se instaló en Palacio de Gobierno.

Más que el discurso me inquietó la actitud de aquel personaje con los brazos abiertos y los ojos cerrados sintiendo ese fervor, esa fuerza. Me acerqué con cuidado de no desconcentrarlo, pero se dio cuenta, abrió los ojos, sonrío y volvió a cerrarlos.

Una semana después me incorporé al grupo de jóvenes que durante el 2001 formaron parte de aquella campaña. Él era “el loco”, “el flaco” a quien Alan llamaba por su apellido: “Lasteros, oiga, Lasteros”, le decía señalándose la sien, con la expresión de quien le dice “orate” a su receptor.

Por supuesto, era un llamamiento de cariño. Fue Lasteros el culpable de organizar las pintas en una Lima sorprendida ante las imágenes de Mafalda pidiendo el voto para García, era divertido ver pintas de Felipe y Manolito pidiendo el voto por la estrella; “tenemos que llamar la atención de la generación setentera y ochentera”, repetía Franklin Lasteros, pero de Lasteros se decía que en los ochenta fue un trovador, un comprometido gestor que hizo que las radios tomaran en cuenta a la movida rockera independiente; “los menos, menos”, exclamaba, y proseguía sin descanso incentivando para que se escuche a las bandas nacionales.

Y luego nada: el silencio como quien desaparece un nombre. Hasta esa noche en el Rímac, en la azotea, frente a esa multitud, y ahora, veintiún años después, gracias a las redes sociales, resucitado, interpretando temas de Vallejo, cantando con la autoridad de un viejo trovador con el corazón joven, incendiando los nervios del auditorio Chabuca Granda de la Feria del Libro del Bicentenario.

Lasteros ha vuelto, el hombre que habla con la naturaleza, el artista que estuvo esperando el día oportuno ha vuelto, y su retorno ha sido recordar la antigua estrofa cargada de futuro, y eso se aplaude, y eso se celebra.

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