Nuestra realidad siempre supera a la ficción. Este 2020 ha sido lo más parecido a una fábula apocalíptica y seguimos en un espiral de sucesos penosos con un gobierno que decreta la cuarentena como si fuera el fruto de una medida razonada, como parte de una estrategia con un norte claro cuando únicamente se trata de una salida facilista para cubrir su evidente incapacidad. Otra hubiera sido la obediencia si se diera en el marco de una campaña de vacunación y un real fortalecimiento del sistema de salud, pero el Minsa se dio el lujo de ejecutar únicamente el 85% de su presupuesto el año pasado.

Por ejemplo, las facultades extraordinarias concedidas a EsSalud para contratar personal CAS e implementar instalaciones temporales y/o administrar las existentes en las regiones, como el Anexo al Hospital Hipólito Unanue, venció el 31 de diciembre de 2020 pero la renovación se dio recién el 19 de enero mediante D.U. 004-2021. DIECINUEVE días más tarde. Estuvieron atados de manos ante un cretinismo inexplicable. Los contratos y arrendamientos se vencieron y al Gobierno no le vino en gana prorrogarlo anticipadamente. Cuántos pacientes hubieran podido salvarse con esa mayor infraestructura. Son temerosos e ineptos. No se debe confundir el autoritarismo y la mano dura con la capacidad para tomar y ejecutar decisiones. Repito lo que digo siempre, si le tienen tanto pánico a la Contraloría, que renuncien. Nadie es imprescindible, más aún, si prefieren distraerse en laberintos semánticos sobre si se trata de un rebrote o una segunda ola. El tema es que después de las Marchas de la Muerte en noviembre y las fiestas de Fin de Año que se celebraron sin restricciones, el número de contagios y muertes se ha disparado y estamos viviendo la misma pesadilla de hace meses: un Macondo infernal.

Mientras tanto, nadie está mirando con atención a Lescano que crece lenta y peligrosamente. Ojo, mucha gente descarta a AP por el rechazo a Merino y la baja aprobación de Muñoz. Pensarán que la Lampa ya tuvo su escueto momento y se quemó. Sin embargo, Lescano tiene un discurso explosivo y es que parecería que en el Perú quien no presente a los electores un amplio programa de cambios radicales no puede aspirar a gobernar. Cuanto más hundido y desesperanzado esté el país, más gusta ese falaz marketing político de una reforma del Estado, orientado a “darle un mayor rol empresarial, y fortalecer así el aparato productivo del Perú.” Este candidato cree que la historia del país comienza con él. Si tuviera un poco de decencia, recordaría el dramático caso de la Refinería de Talara o la gestión de los servicios públicos antes de la privatización. No podía faltar una propuesta de nueva Constitución satanizando el actual modelo económico o esa singular idea que el Ejecutivo debería consensuar con los representantes de la prensa para “menguar la noticia que da a la población un clima de inseguridad”. Vale decir, maquillar la realidad, suavizarla, MENTIR: un Ministerio de la Verdad a la peruana.

Señor Lescano, lea bien a Orwell y grábese en la memoria que la democracia y la libertad son indivisibles de la verdad.