En estos momentos de continuas crisis políticas y airados reclamos a los diferentes sectores productivos, con pérdida de la autoridad policial, escribir en positivo sobre la situación del país es muy difícil.

En relación con los acontecimientos políticos y reclamos de la ciudadanía, iniciadas con ocasión de las marchas y disturbios debido a las vacancias de Vizcarra y Merino, el Congreso efectuó el nuevo nombramiento presidencial de Francisco Sagasti, ocasionando pocos días de optimismo y tranquilidad por su forma pausada, coherente y profesional de dirigirse al país.

Pero rápidamente afloró su manejo alejado de la realidad y problemas del país; que lo llevó a cometer varios errores, al pronunciarse y actuar sin tener conocimiento de las investigaciones de los lamentables acontecimientos ocurridos en los disturbios producidos posterior a las marchas pacíficas, criticando el accionar de la PNP, descabezándola injustamente, creando innecesariamente en la institución: desorden, descontento y sobre todo desconfianza en ejecutar sus funciones y responsabilidades prioritarias en proteger a las personas, a la propiedad estatal y privada. En resumen promovió una Policía desconcertada y sin horizonte.

Al gobierno de nuestro elegante presidente Sagasti “con su mano que no le tiembla”, se le abrió un camino de “olas” de protestas violentas, destructivas, con el anticonstitucional bloqueo de carreteras del país y con miles de “rehenes o secuestrados” por más de 5 días, situación que está penada, sumándose daños a las empresas pequeñas y grandes dedicadas al desarrollo agrícola, generadoras de miles de puestos de trabajo y exportaciones. Teniendo en medio una Policía ya temerosa, contemplativa y con instrucciones contradictorias.

Esta “ola” destructiva sureña contagió al Norte agrícola (Trujillo – Chao) con los mismos inconvenientes: cierre de carreteras, secuestros y actos vandálicos, agravados con dos muertes, con un ministro del Interior desconcertado, sin tener claro la prioridad de poner orden o retirar a la Policía para efectuar el proceso de absorción atómica y conocer quien disparó al joven Muñoz.

Estas “olas” incluyendo el sector minero (La Oroya y Las Bambas), llevaron al Congreso populista a derogar rápidamente la Ley de Promoción Agraria, que trajo un espectacular desarrollo agrícola. Al existir “cosechas estacionales” las empresas formales presentan dificultades de mantener a gran parte de sus colaboradores en espera de la cosecha y debido a esto recurren a los services, en que algunos de ellos no dan buen trato a los trabajadores, ni cumplen con los beneficios de Ley, ni pagan un justo salario.

Producidos los destructivos “tsunamis”, el Gobierno de Sagasti no detuvo a ningún culpable en los indicados “actos penados” ni reconoció simbólicamente a los rehenes, ni al joven Muñoz.

Con el fin de apoyar el desarrollo agrícola y a sus trabajadores, debemos ampliar la frontera agrícola, concluyendo los proyectos pendientes (Chavimochic, Majes, descolmatación de represas en Piura, agua en Ica, y la gran cantidad en la Sierra y Selva)

Finalmente, con ocasión del Bicentenario, esperemos tener un buen Gobierno y Congreso de unión, permitiendo desarrollarnos socialmente (educación, salud y seguridad) y económicamente, generando trabajo y disminución de la pobreza.