A Reinhard Heydrich se le consideraba el cerebro de Heinrich Himmler, jefe de las SS (la traducción del título revela eso: Himmlers Hirn heisst Heydrich, el cerebro de Himmler se llama Heydrich). Este personaje fue quien sistematizó las ejecuciones de judíos, debido a que aducía que sus hombres sufrían de un agotamiento psicológico por las matanzas que tenían que efectuar cada día, de manera que implementó el uso de las cámaras de gas. Y como esto no lo satisfizo del todo, siempre buscó diversas formas de eliminar a todos los judíos de Europa de manera rápida y eficaz.

La novela es interesante pues cuenta, en primera persona, la obsesión de un escritor que quiere rendirle un homenaje tanto a Jozef Gabcík como a Jan Kubiš, así como a tantos otros líderes de la resistencia checa, pero no sabe de qué manera empezar o tiene ciertas reticencias respecto al uso de la ficción para contar la historia que quiere contar. Aquí el personaje se adentra en un interesante debate consigo mismo para poder valorar qué elementos debe considerar en la narración de su historia y cuáles no. O si al contar la historia en clave de novela, este recurso le quitará ese peso histórico que él a todas luces quiere elevar.

Por ese motivo, apenas ha comenzado el relato, el escritor interrumpe constantemente su narración para introducir elementos aleatorios o incluso dispares. Por ejemplo, dice que compró un libro que trata sobre el mismo tema del que está escribiendo o nos hace partícipes de los comentarios de sus seres más cercanos acerca de su obsesión con este hecho histórico. También siembra en el lector dudas aparentemente inútiles: ¿el coche que usó Heydrich durante el atentado era negro o verde?

De esta forma, la historia que cuenta el escritor (a quien, según las descripciones que nos da de él mismo, podemos identificar con Laurent Binet) va tomando más fuerza. Sin embargo, se detiene tanto la acción o se da muchas vueltas en torno al principal hecho que se quiere sacar a la luz (el atentado contra Heydrich) que la novela se torna cansina o muy repetitiva. Tampoco se trata de un libro excepcional, pese a su pormenorizada documentación. De todos modos, ya lo advirtió Vargas Llosa sobre HHhH: «No diría que es una gran obra de ficción, pero sí que es un magnífico libro». Yo agregaría que, como novela, está algo sobrevalorada.