Confieso no ser de las personas que están todo el santo día viendo mensajes de texto u oyendo los grabados en celulares y también en sus computadoras. Tampoco soy de los que andan abriendo o enviando WhatsApp, salvo por motivos personales o profesionales.

Sin embargo y como una de las pocas excepciones, abrí uno con unas declaraciones reproducidas en redes del ahora presidente ecuatoriano Guillermo Lasso. Lo hice por la reputación de que goza dicho mandatario y por ser conocedor de su pensamiento desarrollista y emprendedor, que puede demostrar éxito privado, el que seguramente replicará en su gestión pública.

El presidente Lasso afirmó, palabras más o menos, pero con el mismo sentido, que mejor que la actuación de cualquier ministro de inclusión económica y social son los empresarios. La verdad es que no le falta razón, pues los empresarios y emprendedores con sus inversiones, generan trabajo digno, con retribuciones que permiten a los trabajadores vivir al igual que sus familias y solventar sus necesidades.

No importa el tamaño del empresario, desde el más pequeño o modesto hasta el más importante, inician o continúan emprendimientos que van desde las actividades extractivas, de producción o de transformación, así como de comercialización, sin olvidar a las de servicios, como electricidad, comunicaciones, transportes y muchísimas otras, en que participan sus colaboradores a los que dan trabajo.

La participación a que nos referimos hace que con sus remuneraciones adquieran bienes y servicios, desde los alimentos hasta las medicinas, paguen cuotas de adquisición de inmuebles y vehículos, paguen el transporte en que se movilizan, alquileres, así como pensiones escolares y hasta universitarias. En buen romance mueven el mercado y la economía y, al moverlo, al igual que abonan la economía se nutren de su rentabilidad en un juego de gana-gana.

Cuanto más crezca la economía a través del desarrollo del país, más personas acceden al trabajo y a satisfacer sus necesidades personales y familiares, pero no solamente eso, sino que las actividades a las que nos referimos permiten que el Estado pueda recibir tributos, sea por medio de tasas, contribuciones e impuestos, sino que con ellos se solventa la educación y la salud pública, la defensa de nuestras fronteras, incluyendo territorio, mar de Grau y espacio aéreo de Quiñones, sin olvidar la infraestructura de vías de comunicación, puertos, aeropuertos e incluso las obras de prevención frente a calamidades de la naturaleza a las que siempre estamos expuestos. También se financia el servicio exterior y la seguridad interna del país.

Tiene pues toda la razón el presidente ecuatoriano, el desarrollo generado por el empresariado es el que más contribuye a la inclusión de la población al mercado y a las actividades económicas. Si todos están satisfechos, no se necesita de ministerios ni de programas sociales especiales. Ellos se requieren cuando lo otro no funciona. Entendámoslo bien.

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