En algún momento alguien descubrió que las redes sociales podían hacerte popular y que, para tal efecto, necesitabas de escasos medios (apenas un celular y una buena conexión a internet). Fue algo así como descubrir la pólvora.

En algún momento posterior a ese momento del primer párrafo, los escritores descubrieron que, a través de las redes sociales, podían ellos mismos promocionar sus libros sin invertir recursos y poseer a cambio algo muy parecido a un público (un público que quizá jamás ha leído tus libros, pero que sabe que existes; y a ti solo te importa eso: que sepan que existes).

El escritor que habita en las redes empeña el tiempo en el que debería estar escribiendo a cambio de unos instantes de exposición. Y esa inversión no es vana. Poco a poco genera una comunidad de fieles seguidores que opina igual que él.

Pero el escritor que habita en las redes sociales ha confundido a esa gente que también vive pegada a un celular con su público lector. No lo es en absoluto y solo basta con hacer un poco de matemáticas.

Si, por ejemplo, ese escritor tiene 10000 seguidores en Twitter, eso no quiere decir que, cuando publique una novela, agote un tiraje de 1000 ejemplares. Por lo general, en Perú, los 1000 ejemplares se agotan pasados unos 4 o 5 años (hay, desde luego, grandiosas excepciones).

El escritor de redes sociales es, como lo llamó Fresán, un opinator: un experto en todo el acontecer nacional e internacional y que siempre camina por la senda correcta.

No hay nada criticable en la conducta del escritor preocupado por los likes. De hecho, su comportamiento obedece a un mercado donde cada vez es más difícil destacar y este escritor tiene que ingeniárselas para vestir de fosforescente y ser distinguible ante el resto.

No la tiene fácil este escritor. Por lo general, es un desencantado de los medios tradicionales. Y, en el mejor de los casos, no necesita ningún espacio regular en prensa porque su sola presencia en el mundo virtual tiende a multiplicarse.

Quizá su mayor reto es convertir esos 10000 seguidores en 100000 lectores/compradores de sus libros. En realidad, si solo uno de cada diez de sus seguidores comprara su libro, ya podría darse por satisfecho.

Antes, sin embargo, solo se necesitaba escribir una buena novela y dejar que esta haga lo suyo. Pero la época ha mutado de piel. Son malos tiempos para dedicarse exclusivamente a la escritura.