Al momento de escribirse esta columna el ciudadano peruano ya debe estar en la etapa de reflexión, preparándose para lo que debe haber sido su decisión de ayer al emitir su voto en las elecciones generales que se llevaron a cabo en el Perú. Oportunidad en la cual, con su opinión política, trasmitida a través del sufragio, marca el camino de los que serán los próximos cinco años en la conducción de nuestro país.

En estos momentos la población peruana ya debe tener conocimiento sobre la tendencia del resultado electoral, en cuanto a la elección presidencial se refiere. Y, en ese sentido, asimismo, debe estar en condiciones de calcular lo que puede ser el resultado definitivo.
Independientemente de las proyecciones que se puedan tener, es necesario ir evaluando el rol que corresponde a cada uno de nosotros, respecto a lo que nos espera como sociedad. Pues, de lo que hagamos hoy o dejemos de hacer, va a depender el futuro de nuestro destino.
Si recordamos lo poco o mucho que se pueda haber hecho en estos dos o tres últimos años, nos encontramos con un resultado lamentable, que evidencia la actual situación en la que nos encontramos y cuya explicación la ubicamos en el excesivo uso del populismo para tomar decisiones desde las altas esferas de la cúpula gubernamental.

Durante la presidencia del señor Vizcarra se nombró una Comisión de Alto Nivel, que de “alto” sólo tenía el nombre, a la cual se le encargó la elaboración de propuestas, según se dijo, de reformas políticas, inspiradas en la erradicación de la corrupción.
Como consecuencia de dicho trabajo, la referida Comisión incurrió en el mismo error que es reiterante en todas las decisiones políticas, cuando de producción legislativa se trata. Primero considerar, equivocadamente, que la simple modificación de las normas puede hacer cambiar la conducta de los actores políticos y, segundo, otra equivocación, el de elaborar recomendaciones inspiradas en concepciones únicamente teóricas o fundadas en realidades distintas a las nuestras.
La pregunta es, ¿qué le faltó a la comisión tomar en cuenta para formular sus propuestas? Lo que le faltó fue identificar al elemento más importante en el funcionamiento de una democracia; y, éste es, la ciudadanía. Pues, es el ciudadano en el cual recae la responsabilidad de ser él, el soporte del funcionamiento del sistema, ya que su decisión será la que señale el camino a recorrer.
Por lo tanto, se debió comenzar por ver la forma de mejorar la conducta del elector para, como consecuencia de ello, procurar que cambie el comportamiento de los actores políticos quienes son los que están tras la captura del poder. Y, para que se puedan lograr esos cambios, se debe comenzar por interesarnos de atender al ciudadano, al cual hay que educarlo, es decir, promover el desarrollo de su cultura política, para asegurarnos de que actúe con mejor criterio y responsabilidad.
Pero, como se comprobó, dentro de lo que fueron las propuestas presentadas por la indicada comisión, no hubo ni siquiera una línea en la que se ocuparan de la educación política de la ciudadanía.
Entonces, ahora es el momento de comenzar a atender aquel rubro del que poco o nada se hizo; esto es, la educación cívica y política del pueblo, como elemento fundamental del desarrollo del sistema democrático en el Perú.