Los cambios en los Estados Unidos de América no solo deben de reflejarse en su política interna, sino también en la política exterior de esa gran nación que siempre ha tenido una activa disposición en hacer notar su presencia en diversas partes del mundo. Trump no tuvo éxito en este aspecto: se resignó a pactar con los Talibanes en Afganistán; tuvo que salir de Siria sin solucionar el conflicto. Norcorea sigue fabricando cohetes, e Irán enriqueciendo Uranio. Los dictadores en Latinoamérica han afianzado sus posiciones.

El partido Demócrata no solo ganó las elecciones para la Presidencia, sino también obtuvo una posición dominante en el Senado, así como en la Cámara de Representantes. Esto le da mayor oportunidad a Joe Biden, de impulsar la lucha internacional por la democracia, especialmente en aquellas naciones en las que, por mojigangas electorales, la voluntad popular de cambios, no ha podido realizarse.

El Perú en un periodo gubernamental ha tenido cuatro presidentes, 260 congresistas, más de medio centenar de Ministros de Estado, y hoy algunos miles de candidatos. No obstante, aún no logramos superar aspectos vitales: nos resignamos a adquirir vacunas de bajo rango de efectividad, en tanto afrontamos problemas en las UCI sumados a anemia infantil. Quizá todo ello relacionado a que en la evaluación sobre aprendizaje llamada PISA. Ocupamos los últimos lugares.

En ese contexto, nuestra política exterior debe tener en cuenta, como lo señala mi colega Guilliana Reggiardo, que la pandemia ha hecho más visibles los espacios de fortalecimiento que el Estado requiere para la construcción de políticas públicas que solucionen de mejor manera los problemas del ciudadano. Y para ello debemos fortalecer nuestra presencia multilateral, así como afianzar relaciones bilaterales con Washington.