¿Coincidencias? No, amigo lector. ¡Evidencias! El lunes ocurrieron hechos sucesivos, cada cual más sospechoso, todos encaminados a concluir que el candidato comunista había ganado la elección en nuestro país. Circunstancias no sólo locales, sino venidas del exterior, le dan un cariz todavía más consistente a que, todo esto, sea fruto de una eminencia gris que planea y ejecuta, milimétricamente, un guion característico de los rojos, acostumbrados a apelar a la muletilla del hecho consumado cuando les interesa cerrar un caso de trascendencia para el comunismo internacional. Y la elección de Pedro Castillo, como presidente del Perú, significaría una conquista del máximo grado estratégico para el Foro de Sao Paulo, en su arremetida por imponer el socialismo bolivariano –el castrismo de estos tiempos– en el subcontinente vecino a los Estados Unidos. Nación tradicionalmente opuesta al comunismo de cualquier factura; aunque en este contexto sospechosamente permanece en silencio absoluto.
La mañana del lunes empezaba signada por la desesperación del partido Perú Libre en su –todavía frustrado– empeño por que el Jurado Nacional de Elecciones JNE, que preside un comunista defensor de terroristas –en consecuencia ideológicamente afín al partido que lidera Vladimir Cerrón–, proclame presidente del Perú a Pedro Castillo. El guión que citamos plantea esto como táctica forzar al JNE, que representa al Estado peruano, para que bendiga una elección que, después de iniciado el conteo de los votos, la ciudadanía ha conocido de una presunta voluntad de fraude –en mesa, le llaman–por gente ligada el partido que postula a Castillo. En tal estadio, el comunismo –local e internacional– presiona al JNE para que dé por saldada esta elección, cuando aún faltan revisar muchísimas actas cuestionadas por claras muestras de suplantación de la voluntad del elector, fabricadas bajo cierto mecanismo fraudulento elaborado por alguna organización criminal urdida por operadores afines al candidato pro comunista; hecho que la Justicia deberá identificar.
Apostilla. Sorprendente fue la paralela reacción de las izquierdas al felicitar a Castillo, desde tempranas horas del lunes, como presidente del Perú, sin estar aún proclamado por el JNE. Se trataba de una clara confabulación diabólicamente orquestada. Arrancó con la felicitación del presidente de Argentina, continuada por mensajes de los ex mandatarios de Ecuador, Brasil y Bolivia; luego un juez de Huancavelica declaró “nulo” el fallo que condena a Cerrón por corrupto; además el fiscal Pérez demandó orden de prisión para Keiko; y, sorprendentemente, habrían presentado un habeas corpus para liberar a abimael guzmán. Todo muy sospechoso. Pero la cereza sobre la crema fue la llamada subrepticia del presidente transitorio, Sagasti, al premio Nobel Mario Vargas Llosa, rogándole persuadiese a Keiko Fujimori de que, “según mis matemáticas, Pedro Castillo ya ganó”, le habría dicho un parcializado Sagasti. Consecuentemente, siendo jefe de Estado habría perpetrado un delito flagrante penado con cárcel. La sucesión de hechos concatenados que narramos –posiblemente muchísimos más que todavía no trascienden– avala la sospecha de que existe una organización criminal montada para que, a nombre suyo, amable lector, el JNE proclame presidente del Perú al candidato comunista Pedro Castillo.

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