Mucho se cita aquella frase inmortalizada por William Shakespeare en su obra “El Rey Lear” y puesta en boca del conde de Gloucester: “Es el mal de estos tiempos: los locos guían a los ciegos”. Difícil olvidarla por su carácter sentencioso, universal y aplicable a diversos ciclos de la historia, especialmente el que ahora transitamos en medio de una pandemia y sus impactos sobre nuestras vidas.

Y aunque hoy toda referencia a la discapacidad de una persona tenga connotaciones discriminadoras, la metáfora es válida cuando la aplicamos a líderes o gobernantes populistas (de izquierda y derecha) como a pueblos divorciados del interés en los asuntos públicos. El desquiciamiento de los primeros se alimenta de la indiferencia de los segundos. Los locos y los ciegos de Shakespeare están más vigentes que nunca.

En el caso del Perú, el presidente Pedro Castillo (quien esta semana respondió a un periodista que lo interrogó sobre la posibilidad de su renuncia con un estentóreo: “¿Está usted loco?”) calza la tesitura de un hombre que ya extravió los papeles. La exhibición de sus encuentros nocturnos en la casa del amigo y proveedor del Estado, Segundo Sánchez, difundidos por el programa TV ‘Cuarto Poder’, lo ha enardecido. Y el anuncio de nuevas como vomitivas revelaciones sobre dichos encuentros para hoy en distintos programas dominicales, simplemente lo ha trastornado a niveles fronterizos.

Tanto así que, al cierre de esta columna, la segunda vicepresidenta Dina Boluarte dio a conocer que Castillo prepara cambios ministeriales, los que –no tengamos duda alguna– son para extender el rigor mortis político de su administración.

En el campo de la ceguera (o quizás de quienes creen mirar todo debajo del agua), sobreviven los dueños de partidos-cascarón que se prestaron al “diálogo” con Castillo sin recibir certeza alguna de su proclamada inocencia respecto a las prácticas mafiosas a su alrededor, como ellos mismos lo reconocieron. Por supuesto que a partir de mañana y según midan los megatones que producirán los audios y videos, aparentarán sorpresa, indignación y agallas para sumarse al clamor nacional de vacar al jefe del Estado.

Aquí es donde recién comienzan a mostrarse algunas voces que se negaban a reflexionar sobre el escenario post Castillo, limitándose al mero expediente de la vacancia. Primero, porque el chotano –a diferencia de Martín Vizcarra– ofrecerá resistencia a dejar el cargo. Fenatep, Conare, Movadef y sus huestes armadas, igual que algunos grupos caviares, hablarán de “golpe de Estado”, buscarán reconocimiento internacional en el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla, se irán a las trincheras.

Segundo, porque si se abre paso el circuito constitucional, éste será alterado por fuerzas fácticas hasta lograr que uno de los suyos ocupe Palacio y no las democráticas. En eso sí es necesario recordar la experiencia de la caída de Vizcarra. Y tercero, porque estas fuerzas democráticas no están organizadas, unidas, ni tienen táctica y estrategia para afrontar el tránsito.

Organizarse o morir. No le quedan otras alternativas a la oposición sensata. La oportunista sí tiene libreto.

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