Si se hubiera podido filmar los diferentes acontecimientos políticos y vinculados a la política, de las últimas semanas, habríamos tenido una película que seguramente se llevaría el Óscar al mal gusto, chabacanería y vulgaridad, de existir tal presea.

Hemos visto pasearse por cuanto medio de expresión existe, a un pintoresco personaje, con expresiones grotescas, léxico inadecuado, vestimenta de talla menor a la que corresponde y con morisquetas equívocas. Adicionalmente se conoció que el personaje en cuestión había sido contratado, con nuestros impuestos, nada menos que por el Ministerio de Cultura, encargado de la promoción cultural, por supuesto muy alejada de las características del singular individuo.

Como si lo reseñado no fuese indignante, habría más que evidencias que la contratación de tal personilla tuviese su origen en Palacio de Gobierno, a donde asistía y se paseaba como si fuese su casa, y trasponiendo medidas de seguridad y controles.

También se han dado a conocer grabaciones, que no han sido autorizadas por todos sus actores, de donde se podría deducir que tienen origen clandestino, irregular y, por qué no decirlo, espurio. De ellas se podría concluir que el presidente Vizcarra llevó a Palacio como sus más cercanos colaboradores a personas peligrosas para la estabilidad gubernamental, que no conocen de lealtades y que carecen de la más mínima inteligencia emocional. Hay que fumigar Palacio.

En simultáneo en el Congreso, el presidente de la Comisión encargada de investigar las relaciones gubernamentales del personaje bufo al que nos hemos referido, sin esperar que se realicen las diligencias programadas ni que se tengan conclusiones y menos elaborado su informe final, entrega en sesión pública del Parlamento los audios del escándalo.

Lo anterior dio sustento a que se presentara moción de vacancia del Presidente de la República en el Congreso, que se admitiera y que, al escribirse esta columna, aún estuviese pendiente de pronunciamiento.

El presidente del Poder Legislativo, siguiente en la línea sucesoral del presidente Vizcarra, se ve envuelto en dimes y diretes con terceros, en relación con la supuesta formación de lo que sería su gabinete ministerial en caso se produjese la vacancia, de lo mismo que se acusaba al sucesor de Pedro Pablo Kuczynski.

Dentro de esta novela de pésimo gusto, el presidente del Congreso hace llamadas telefónicas, inoportunas e inconvenientes a comandantes generales de las Fuerzas Armadas y, el presidente del Consejo de Ministros pone a las mismas autoridades castrenses como telón de fondo a sus declaraciones políticas públicas, que como imagen dice más que la realidad.

Deplorablemente, todo lo expresado se produce en tiempos en que soportamos quizás la peor pandemia de la historia, la cual ha originado muchísimas limitaciones y prohibiciones a los ciudadanos, pérdida de empleos en número de seis dígitos y encima una crisis económica nunca antes sufrida con la intensidad en que se ha manifestado.

Dios quiera que nuestros parlamentarios aquilaten la situación y sepan trasladar sus atribuciones a mejores tiempos, para evitar más daño al Perú. Postergar sin olvidar.