¡Otra más del farsante Castillo!

¡Otra más del farsante Castillo!

Hay que ser cínico o ignorante para, tras la “renuncia” del ex primer ministro Aníbal Torres -en plena crisis política de gravísimas proporciones- proclamar “mañana mismo voy a anunciar la conformación de un nuevo gabinete de ancha base conformado por gente capaz” como hizo el irresponsable todavía mandatario Pedro Castillo. Lo dijo al regreso a palacio de gobierno tras asistir al Ministerio Público, donde guardó silencio en medio de un estado de crispación y nerviosismo sólo explicado por el devastador estado de ánimo en que se encuentra este precario jefe de Estado al borde del delirio.

Empecemos porque son absolutamente nulas las probabilidades de que la oposición –principal semillero de gente capacitada para administrar coherente y eficientemente el Estado- acepte formar parte de algún gabinete de las características que supone aquel término “ancha base”, anunciado por Castillo. Asumir responsabilidades derivadas de insinuaciones, instrucciones, caprichos, mandatos o lo que fuere de un peligrosísimo sujeto como Pedro Castillo (con cinco o seis carpetas abiertas por el Ministerio Público imputándolo como sospechoso de corrupción y de liderar a una organización criminal para asaltar el Estado), sería suicidarse políticamente y, en paralelo, implicaría asumir riesgos con muy graves consecuencias penales, que nadie está dispuesto a aceptar.

Más de cincuenta invitados han asumido carteras ministeriales a lo largo de apenas un año de instalado Castillo en el gobierno. Salvo el actual ministro de Economía, el resto no califica como ministros sino como amanuenses de un fulano que no tiene la más pálida idea –ni le interesa tenerla, porque además no podría hacerlo- de lo que implica estar a cargo de un país de por sí complejo como el Perú. Esta realidad ha contribuido a multiplicar la profunda crisis sociopolítica que ha desatado este mandatario en doce meses de desgobierno. Para superarla, será obligatorio formar un gabinete de mentes brillantes. Personalidades que jamás estarían dispuestas a incorporarse para servir a un régimen cuyo mandatario es sospechoso de comandar una organización criminal.

Castillo debe ser vacado e instalarse un régimen transitorio que adopte medidas claras para frenar la quema de divisas, producto del desplome de la inversión privada y de la devaluación que generan los déficit fiscales, por incapacidad del gobierno. Asimismo, frenar el desempleo multiplicado por un decreto supremo que fulmina toda iniciativa empresarial por contratar personal. Por último, licenciar a aquella burocracia marxista antisistema impuesta progresivamente por este régimen. El listado de acciones para reiniciar el dinamo económico nacional es largo. Y demandará gran sacrificio político al gobierno que las ponga en práctica. ¡Porque por efecto de los ajustes, todo empeorará antes que las cosas empiecen a mejorar! El mejor ejemplo está en las medidas de emergencia que impuso el flamante régimen Fujimori en 1991. El país no progresó sino casi dos años después de las correcciones micro/macroeconómica, y del final del terrorismo tras capturarse a la dirigencia de sendero y mrta. Recién entonces resurgía el Perú, saliendo del caos para tornarse en lo que el mundo llamó el milagro peruano. ¡Congresistas, ¡vaquen ya a Castillo!

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