Otra mirada al verdor en el desierto

Otra mirada al verdor en el desierto

Los proyectos en el mundo que intentaron volver verde al desierto olvidaron un gran componente el impacto del agua en la tierra y la degradación de los ecosistemas cercanos, cuando hoy en día el agua es cada vez insuficiente en las ciudades debido al cambio climático.

Al respecto, existen varias experiencias que deben llamar a la reflexión a los especialistas y tomadores de decisión. En Estados Unidos se recuerda al lago de California, el Salton Sea que tuvo sus años maravillosos, llamándolo el milagro en el desierto. El lago que se formó por las inundaciones del rio Colorado que fueron a parar allí por un accidente, según los especialistas debió dejarse sin intervención alguna para que sus aguas se evaporaran. En ese entonces, los 50 y 60, se levantó un emporio vacacional y que hoy desapareció porque es solo el cementerio de aguas residuales y peces y aves muertas.

Otro caso similar, al querer maximizar el riego para producir algodón en el desierto, hizo desaparecer el mar de Aral, que fue producto de trasvases de agua de los ríos Amu Daria y Sir Daria en los años sesenta en la antigua URSS, debido a que se buscaba producir algodón en grandes cantidades. En la actualidad esta zona está contaminada por restos industriales y fertilizantes vertidos durante el siglo pasado y que han dejado apenas el 10% de lo que fue dicho mar.

En España también se vive esta preocupación en el mar Menor, zona agroindustrial de Cartagena donde la agricultura intensiva cargada de agroquímicos, uso irreflexivo del agua, contaminación y degradación derivada del turismo masivo han llevado al mar Menor a una situación crítica, aseveran especialistas. Esta zona que buscaba convertirse en la huerta en pleno desierto, ya no puede mantenerse más.

En nuestro continente, expertos pidieron detener la sobre extracción de agua en las regiones que cubren el desierto de Atacama, en el norte de Chile, porque el problema amenaza el futuro de 1.5 millones de personas, debido al uso intensivo del recurso por actividades mineras, agrícolas y las ciudades porque se consumen las reservas de recargas subterráneas las mismas que no se reponen con igual velocidad.

También en nuestro país, existe la preocupación de continuar con un megaproyecto agrario, ubicado en el sur, que impactaría los ecosistemas andinos y amazónicos, pues el agua que llegaría a la zona costera para regar las áridas planicies, viene desde lejos y podría desabastecer a otras comunidades andinas. Las decisiones de intervenir en la naturaleza tienen un gran costo social, por ello volver la mirada a las experiencias anteriores puede servir, ahora que el cambio climático parece estar más agresivo.

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