Otto Guibovich

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Arequipa ¿hacia una cabecera de playa chavista?

Arequipa ha dado grandes hijos a la patria, que la prestigiaron y no hay persona más emprendedora, empeñosa y amante de su región al extremo de la pleitesía, que un arequipeño.
Desde el prócer Mariano Melgar, Francisco Javier de Luna Pizarro presidente del primer poder constituyente, el Dean Valdivia luchador por la identidad arequipeña, Francisco García Calderón inclaudicable presidente en horas de ocupación, Piérola controversial caudillo pero ordenador del estado de la postguerra, Víctor Andrés Belaunde, presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Hasta nuestro Nobel Mario Vargas Llosa genio de las letras. Arequipa es fecunda en peruanos preclaros y una de las pocas regiones en haber tenido una dama de gobernadora regional.

También legó Arequipa una lista de bandidos que encabeza Abimael Guzmán y otros recientes como Pepe Julio Gutierrez y vaya que hicieron daño.

Tiene Arequipa una hermosa campiña y fructíferos valles, atractivos turísticos, puertos, aeropuerto y el más importante ferrocarril del sur. Su gastronomía es excepcional y guarda en sus entrañas inmensas riquezas y Cerro Verde es ejemplo de minería con certificaciones internacionales de cuidado ambiental.

En los últimos años, Arequipa creció por encima del promedio nacional y debería cubrir la demanda laboral de su nueva PEA anual. Sin embargo el desempleo sobrepasa el 4% y unos 50 mil arequipeños son analfabetos. Comparte los mismos problemas nacionales de salud y educación, pese al ímpetu reciente gracias al canon que brinda la minería que los azuzadores quieren impedir. Su principal problema de cara al futuro es la penetración ideológica que envenena mentes y maquina caldos de cultivo para recalcitrantes o aventureros.

Su actual gobernador no es ni siquiera un anarquista. Es un simple aventurero político, un simplón con denuncias por violación sexual y por conducir en estado de ebriedad que el JNE permitió que postule a gobernador de una región tan importante. Ha militado en varias agrupaciones políticas nacionales y regionales mudando de camisetas políticas hasta encontrase un chaleco a lo Evo.

Siendo autoridad mando un paro regional. Si esto no es delito ¿que se espera para tipificarlo?

José Gonzales Málaga comenta sobre la “nevada arequipeña” como expresión del temperamento regional o pretexto para culpar de cualquier destemplanza al influjo telúrico, mientras se alimenta el ego extremista. He aquí uno.

El GORE arequipeño está, junto a otros zamarros como el de Moquegua, Puno y la ingenuidad del de Cuzco, facilitando que la izquierda chavista establezca una cabecera de playa en el sur peruano para jolgorio de Evo, Maduro y nuestros inmaduros extremistas que quieren reinventar el Perú.

Arequipa, o Ari Quepay como la llamó el Inca Huayna Cápac, es una tierra para quedarse y no merece ser tomada ni manipulada por bárbaros del siglo XXI.





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