Otto Guibovich

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Bolognesi y la política

El 22 de mayo de 1880, Francisco Bolognesi desde el Morro de Arica, escribió una carta a su esposa Maria Josefa, cuyas líneas son loas al heroísmo y una pintura de la realidad política que desembocó en estas Termópilas sudamericanas. Bolognesi y sus 1900 bravíos habían quedado rodeados por norte y sur.

Se vivían once meses de guerra con Chile. Había muerto Grau en Angamos en octubre de 1879, se había producido el descalabro de San Francisco en noviembre y los invasores habían desembarcado en Ilo al norte de Tacna entre diciembre y enero y su marcha al sur para unir fuerzas capturando el aislado peñón, era cuestión de tiempo.

Bolognesi esperaba refuerzos y el invasor luego de la batalla del Alto de la Alianza y saquear Tacna, desplegó sobre Arica 6000 invasores para asaltar el Morro. Una doble retaguardia al norte y sur los apoyaba. Del lado del Titán del Morro, Leyva nunca apuró mientras los políticos, seguían peleándose como siempre.

Dice Bolognesi a su esposa: “Dios va a decidir este drama en que los políticos que fugaron y los que asaltaron el poder, tienen la misma responsabilidad. Unos y otros han dictado con su incapacidad, la sentencia que nos aplicará el enemigo”. Las guerras como fenómenos sociopolíticos tienen objetivos políticos y los del sur los establecieron en campañas. ¿Cuáles eran los del Perú?

Durante toda la guerra peleamos batallas tácticas sin objetivos estratégicos. Aun si Bolognesi hubiese vencido, ¿cuál era el siguiente paso? Las salidas estaban cortadas, Leyva nunca llegaría, no había estrategia, no había segunda ni tercera jugada en ese fatídico ajedrez.

Más tarde, Piérola otro político incapaz, asumió la dirección defensiva de Lima, sin segundo escalón en la sierra o el norte. Los gloriosos defensores civiles y milicianos marcharon al frente, sabiéndose ofrendas a la patria.

La inmolación sucesiva fue desenlace de la improvisación y décadas de luchas fratricidas, de políticos incapaces como señala Bolognesi y caudillos militares que a falta de políticos, porfiaban la “política con  armas”.

Las guerras se ganan o se pierden desde la política. En 1872, por decisión política se desbandó el ejército dejando solo cuatro batallones y por ello casi siempre se combatió con milicias frente a invasores con aliados ingleses y ambiciosos objetivos. La política sentenció a Bolognesi y este tuvo la grandeza de escribir a su esposa, quizá con desprecio político: “nunca reclames nada para que no se crea que mi deber tuvo precio”. Lección de honor y deber frente al derecho de la patria a ser defendida.

¿Cuánto hemos cambiado si desde el MEF hoy, acaban de conculcar derechos a veteranos defensores de la patria? Nada, un abuso más. Mientras, los políticos siguen peleándose contra sus propios molinos de viento.





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