Columnista - Otto Guibovich

De la destrucción creativa a la creación destructiva en la política

Otto Guibovich

11 sep. 2019 02:10 am
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¿Se puede destruir creando? Claro que sí y la tesis fue popularizada por Joseph Schumpeter, un economista austriaco del siglo XX cuya idea central refiere a la capacidad innovadora del ser humano capaz de crear nuevos niveles de bienestar, destruyendo estructuras preexistentes. La telefonía celular inteligente, destruyó moldes de comunicación antiguos para transformar la sociedad global.

La ciencia médica destruye procedimientos a partir de una mejora continua y así en cada disciplina. La tecnología en salto exponencial destruye paradigmas y propulsa a la sociedad a un mundo más volátil, incierto, complejo y ambiguo (VICA). El mundo de la Inteligencia Artificial, Big Data, Biotecnología, Blockchain y otras megatendencias digitales en un entorno además, de cambio climático con más calor y menos agua. Para vivir y enfrentar este mundo más competitivo es que debe formarse a niños y jóvenes.

Un mundo donde la mano de obra y empleo son cada vez más antagónicos y la tecnociencia impone microespecializadades nada clásicas. Lamentablemente seguimos con casi dos millones de analfabetos crónicos que sumados los analfabetos funcionales, sobrepasan los 5 millones. La política de alfabetizar al 1.5% anual, tomaría 70 calendarios para solucionar el problema y probablemente el analfabetismo se erradique de manera natural y no por acción política.

¿Por qué la política peruana es inútil y entrópica? Se puede argüir que la transición de colonia a republica fue traumática o que los golpes de estado causaron crisis o al revés, que las crisis políticas originaron golpes de Estado. En cualquier esquema es evidente que el Perú nunca tuvo un liderazgo visionario que relate y diseñe un país por 200 años y las lúcidas excepciones, fueron reemplazadas casi siempre por pirañas de la política con intereses, mañas y ambición por el dinero. Si la política peruana tuviese una capacidad destructiva creadora, problemas de salud, seguridad, educación y otros, se habrían solucionado hace décadas pues recursos, tenemos. A cambio abunda el odio de clases impuesta por el marxismo, violación de leyes e interpretaciones convenidas o “autenticas” de la constitución.

Los partidos políticos que deben ser escuelas de civismo, institucionalidad, gestión, liderazgo y otras competencias, son cotos de caudillos eternos que no aceptan la fotosíntesis política y construyen su indispensabilidad, bloqueando nuevas jóvenes opciones. La política de las últimas décadas en el país podría denominarse por oposición a Schumpeter: de creación destructiva.

La creatividad maquiavélica e insensata para el hurto, la ambición por el poder de incapaces y necios que no nos representan. La política peruana no innova, no crea, no destruye sus obsolescencias y es presa de un instinto de ineptitud que penosamente arrastra al Perú. Este quinquenio perdido lo confirma.

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