Otto Guibovich

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Fronteras vivas y no para los vivos

Las inversiones son parte esencial del círculo virtuoso de empleo, crecimiento económico, desarrollo social, fortalecimiento de la clase media e incremento de la recaudación que brinden recursos para infraestructura, educación, seguridad, salud y más.

El artículo 71 de la Constitución, manda: “dentro de cincuenta kilómetros de las fronteras, los extranjeros no pueden adquirir ni poseer por título alguno, minas, tierras, bosques, aguas, combustibles ni fuentes de energía, directa ni indirecta, individualmente ni en sociedad, bajo pena de perder, en beneficio del Estado, el derecho así adquirido. Se exceptúa el caso de necesidad pública declarada por decreto supremo aprobado por el Consejo de Ministros conforme a ley”. Estas salvaguardas fueron suscritas por constituyentes de 1933, 1979 y 1993. Restricciones similares existen en muchos países.

Perú tiene más de siete mil kilómetros de fronteras y con derecho soberano restringe la inversión extranjera en cincuenta kilómetros, pero la mesa queda coja si no se fomentan inversiones nacionales con leyes ad hoc y se espera que lo hagan solo las leyes de la oferta y la demanda. La sola prohibición sin complemento condena a la pobreza a compatriotas que constituyen verdaderas fronteras vivas y le dan marco al país. La apertura internacional permite acuerdos y reciprocidad con otros países, pero son insuficientes.

¡Políticas de Fronteras! es un clamor legítimo. La carretera Mazán-El Estrecho iniciada por Fernando Belaunde, un presidente de visión geopolítica, quedó abandonada por décadas y miles de pobladores aislados en el Rio Putumayo lo pagan con pobreza. Igual sucede con la vía entre Angamos y Jenaro Herrera en el Ucayali o la Cordillera del Cóndor que tantas vidas costó demarcarla para convertirse en foco tóxico de mineros ilegales ecuatorianos y peruanos que depredan y saquean, a caballo de la frontera.

¿Cuánto se hizo por Zarumilla, San Ignacio, El Estrecho, Ramón Castilla, Santa Rosa, Puerto Esperanza, Angamos y otros pueblos fronterizos? Poco, casi nada.

Tacna es un caso excepcional. Es uno de los departamentos de mayor PBI, mejor educación y menor desempleo. Tiene pendientes añejos como la modernización del ferrocarril Tacna-Arica, el uso efectivo del muelle norte en Arica, la situación del Chinchorro, la posibilidad del puerto Grau, agua y el gran centro comercial como aspiración. Pero su potencial sigue intacto. Como Tacna, Tumbes también comparte significativas ventajas respecto al otro 90 % de fronteras alejadas del ‘heartland’ peruano.

Desarrollar fronteras debe ser una necesidad pública en sí misma. La lejanía y aislamiento de nuestros linderos los hace vulnerables al crimen. Tacna, icono de patriotismo, puede ser modelo de desarrollo para otros lejanos pueblos donde millones de peruanos requieren que el Estado deje de bostezar y defina una política integral, sostenible. Fronteras vivas y no para los vivos.





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