Una vez más, gran parte del centroderecha peruano ha demostrado ser una verdadera vergüenza. Sumidos en su umbral de comodidad, los ricachones peruanos -y también aquellos aspirantes a serlo- han dejado que el comunismo les confisque la nación que heredaron, habiendo sido advertidos en todos los tonos que ello iba a suceder. Nunca habrá explicación para lo que han hecho, exhibiendo semejante rasero de indignidad. Deshonor que la historia contemporánea se lo enrostrara a sus expoliados sucesores, registrando la talla de cobardía de sus antepasados.
Analicemos qué pasó. El Comercio, RPP, La República, canales 2, 4, 7, 8, 9, voceros de la elite centroderechista que representa a la clase A peruana -lectora y anunciadora en dichos medios; mientras desdeña a la prensa independiente que defiende su ideología por principio; sin exigirle contrapartida como hacen los primeros- son los sembradores del odio entre peruanos. Rencor centrado en el apellido Fujimori. Cuando es evidente que durante el ápice terrorista ese ex mandatario no sólo le salvó la vida a la crema y nata limeña -que en esos momentos sí le endiosaba- sino que, además, Fujimori le permitió recuperarse de la ruina económica en que la dejó la revolución socialista de Velasco. Y aparte, le facilitó aumentar sus capitales. Porque de ser país pobretón Perú pasó a ser nación rica, multiplicando estratosféricamente la fortuna del jetset nacional. Pero todo ello quedaría en el recuerdo, cuando un puñado de miserables “barones” de la prensa –como ocurrió en El Comercio tras el cambio generacional- se hundió en el fango de la gauche caviar pactando su incondicional respaldo a la izquierda, a cambio de que ésta les asegurase la estabilidad, la bonanza y, sobre todo, la propiedad del gran negocio mediático. Desde entonces, hasta hoy, bastaría analizar el florecimiento económico de esos medios para verificar las consecuencias multiplicadoras de su trato con el diablo socialista. Aunque, a la vez, habrá que contrastar el daño contra el Perú perpetrado por ese oligopolio mediático, socio de la gauche caviar, mediante un pacto de mutua no agresión santificado por el centroderecha nacional. Todo para continuar beneficiándose con el negociado mediático exigiendo, entre otras corruptelas, que el Estado entregue canal 4 a El Comercio. ¿La condición? Beatificar a la comisión de la verdad, pretexto que utilizaron los rojos para victimizar al terrorismo (amalgamando a las izquierdas) e imputar a Fujimori, tanto por genocida como por dictador. En veinte años –2001 hasta ahora- esta excusa le ha permitido a las izquierdas estructurar una incesante, esquizofrénica campaña mediática para demonizar el apellido Fujimori y, a la vez, para hacer que resurja la izquierda hermanada al senderismo y al emerretismo. Lo comprobamos en esta elección verdaderamente tóxica.
El resultado está a la vista. Para vergüenza de Manuel Amunátegui y Alejandro Villota, fundadores de El Comercio –diario líder de esta escoria mediática que ha pactado con el caviarismo para enriquecerse bajo su manto- Perú está presto a darle la credencial de presidente al candidato del comunismo, maoísmo, senderismo. Concretamente, al postulante que encarna el totalitarismo impuesto por Cuba y financiado por Venezuela.

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