Se hizo histórica aquella frase del desaparecido Alonso Polar Campos –quien fuera presidente de la Bolsa de Valores de Lima, gerente general del Banco Central de Reserva y fundador de Macroconsult– que nos describe a plenitud: “en todas partes se cuecen habas, pero en el Perú solo se cuecen habas”. Dicho de manera popular, pertenecemos a ese pelotón de naciones que somos capaces de tropezar muchas veces con la misma piedra.

Y una enorme piedra que arrastramos por todos los siglos, pero de manera gravitante en el periodo republicano –sistema donde se suponía que el imperio de la ley y las virtudes de la democracia ordenaban equilibradamente nuestra vida en sociedad– es la del encono, la polarización, la negación del contrario, la verdad única, todo lo cual consagra aquella estrofa de Joaquín Sabina: “cada vez más tú, cada vez más yo, sin rastro de nosotros”. El “nosotros” que solo tiene certificado de veracidad en el título de mejor barra futbolera del mundial Rusia 2018.

En este panorama resulta muy valioso, valiosísimo, el esfuerzo que ha desplegado por sí y ante sí el politólogo Javier González-Olaechea para elaborar un documento ecuménico denominado “Pacto del Bicentenario” que establece diez puntos básicos a fin de reconocernos o identificarnos con los fundamentos de nuestra patria al cumplir oficialmente 200 años de existencia. Se trata de una selección mínima de enunciados con los que sólo la necedad o el colmo de la exquisitez argumentativa podrían discrepar.

Valga decir primero algo de su forjador para quienes no lo conocen. González-Olaechea tiene especialización en Relaciones Internacionales por la Universidad Católica Argentina, post grado en Administración de Gobierno por L’Ecole Nationale d’Administration, (excelencia) de Francia. Examen filosófico integral doctoral (excelencia) y Phd (Summa cum laude) en Ciencia Política por la Universidad de Belgrano, Argentina. Además, ostenta la formación para director corporativo independiente por CENTRUM, Perú y UADE, España. Ha sido funcionario del Departamento de Normas de la OIT, así como gerente de Desarrollo de Cofide, entre otras muchas tareas nacionales e internacionales de primer orden.

El Pacto del Bicentenario demanda a todos los peruanos y en especial a los candidatos presidenciales afirmarse en los valores del Estado Constitucional que reconoce y privilegia la libertad preexistente de la persona, los derechos humanos, la libertad de expresión y de prensa, el respeto irrestricto al equilibrio de poderes, el ejercicio íntegro y transparente de la función pública, la defensa de la Seguridad Nacional y Ciudadana, la rendición oportuna, constante y suficiente de las cuentas públicas, y así varios ítems del mismo calibre, en especial la lucha contra la pobreza.

Este acuerdo deberíamos mirarlo con más aprehensión, porque anticipamos el presagio de Simón Bolívar y vemos cerca que la anarquía nos puede devorar.