Padre Pablo Larrán García

Acerca de Padre Pablo Larrán García:



Por los caminos del Señor

Hola… A veces en la vida solemos cometer graves errores a la hora de reconocer y valorar el esfuerzo de los demás. Puede suceder que demos méritos a personas que no se lo merecen y, simultáneamente, se los quitemos a quienes en realidad hicieron todo el trabajo.

Mi amigo, el “Filósofo de La Encalada”, a quien extraño mucho porque hace un buen tiempo que no viene a visitarme, me contó esta historia:

Había una vez una granja en el campo donde el animal estrella era un bellísimo caballo de paso, a quien el granjero cuidaba casi casi como si fuera su hijo. Pero un día se enfermó y resulta que no había otra solución que no fuese el llamar al veterinario y ponerlo en manos de la ciencia. Llegó el doctor, lo auscultó y con cara de preocupación le dijo al amo: -Me temo que no va a salir de esta. Este le contestó: -Por favor, este caballo es una joya y no puedo darme el gusto de perderlo. -Haré lo que pueda, le contestó el veterinario. Al lado del caballo había un chanchito que lo escuchó todo y se propuso ayudarlo en lo que fuera posible. El caballo tenía que tomar unas vitaminas; sin embargo, se negaba a hacerlo, cosa que, en la noche, el chanchito se le acercaba y le decía: -Tienes que hacerlo, tú no puedes morirte siendo tan joven y, sobre todo, por el futuro maravilloso que te resta por vivir. Pero el caballo ni siquiera miraba al pobre chanchito, ni le quería hacer caso… Día tras día el chanchito insistía con cariño, con dedicación y parece ser que el caballo, por fin, aceptó tomar la medicación.

Pasaron algunas semanas, el caballo ya pudo pararse y el dueño se encontraba feliz y contento de verlo mejorado. Llamó a los amigos y les dijo: -Soy el hombre más feliz del mundo, mi caballo se ha recuperado, pues merece que lo festejemos a lo grande; he pensado matar al chanchito y celebrar una fiesta.

Cuando mi amigo, el “Filósofo de La Encalada”, me contó esta historia, dijo: -Mi querido Pablo, en esta vida los seres humanos muchas veces no reconocemos a los verdaderos artífices de lo bueno que sucede en el mundo y, al otro lado de la historia, solemos premiar a los que no han movido ni un dedo por nosotros.

“Todo lo que siempre has querido está al otro lado del miedo”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!



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