Columnista - Padre Pablo Larrán García

Por los caminos del Señor

Padre Pablo Larrán García

15 sep. 2019 02:10 am
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Hola… Hace muchos años, en un frondoso bosque, vivían toda clase de animales, pero en particular una lechuza y una tórtola habían congeniado de tal manera que habían logrado ser grandes amigas. Un día la tórtola se acerca donde la lechuza y ve que está haciendo su equipaje, aparentemente para irse muy lejos y por mucho tiempo. La tórtola le preguntó: -¿Te estás yendo de aquí? -Sí, amiga tórtola, le dijo la lechuza; me iré y muy lejos. Y la tórtola le replicó: -¿Te ha pasado algo grave? -Sí, le dijo, la gente de este lugar no le gusta mis graznidos; se ríen, se burlan de mí e incluso me humillan.

Quedaron en silencio por breves momentos, hasta que la tórtola le dijo: -Querida amiga, si logras cambiar tu graznido no sería buena idea que te vayas y si no lo puedes hacer, ¿qué sentido tiene que te mudes? Porque a donde vayas encontrarás, también, gente a la que no le guste tu chillido. ¿Qué es lo que vas a hacer?, ¿volver a mudarte? Te conozco y eres mi buena amiga, por eso te ayudaré en lo que pueda, sobre todo para que no pierdas tu tranquilidad, tu serenidad y tu equilibrio, aunque a algunas personas no les guste los sonidos que emites.

Allí quedó la conversación. Esta historia del bosque no será difícil pasarla a la vida de los humanos y reflexionar en voz alta, pensando que no siempre le gustará a todo el mundo aquello que hacemos, ni tampoco es para que nos sintamos deprimidos si alguna vez no nos valoran e incluso hasta nos desprecian o, en su defecto, nos menosprecian. Eso es parte del juego de la vida; lo importante es que nos aceptemos a nosotros mismos y si en verdad queremos superarnos, nos daremos cuenta de que toda crítica nos puede servir de reflexión y si nosotros la sabemos encauzar, con ello nos están haciendo un favor.

Es cierto que vivimos en una sociedad muy sensible, pero también es cierto que cada día que pasa debemos fortalecer nuestro “yo” interno para poder asumir las injusticias que hay a nuestro alrededor.
Aprendamos a ser críticos con los demás, pero siempre con discreción, con cariño y con humildad.
Recordando a la lechuza y la tórtola, pienso cómo a ambas, siendo dos especies diferentes, las puede unir la “amistad”.

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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