El mundo vive un tiempo dramático: la Pandemia del Covid-19. EXPRESO cada día informa sobre el devenir de ese flagelo. El 6 de marzo fue la primera muerte, ahora a más de 100 días son 8,761. Cada día se incrementa el número de fallecidos. Pronto serán 10,000.
Puede verse en Lima y otras ciudades aglomeraciones de gente que no respeta las advertencias públicas para no contagiarse. Y por su irresponsabilidad extienden el mal a su familia, vecinos y a muchos más. De esa manera han colapsado los centros hospitalarios y muchos se quedan sin atención.
Eso evidencia falta de conciencia de la grave situación que aqueja la humanidad; hay carencia de responsabilidad en miles de personas que salen a las calles a pesar del peligro a que se exponen. Nos falta disciplina y autodisciplina para impedir que se propague el mal que ha llegado sin la voluntad del hombre.
Conciencia es el conocimiento que el ser humano tiene de su propia existencia, de sus estados y de sus actos. Responsabilidad es el cumplimiento de las obligaciones o el cuidado al tomar decisiones o realizar algo. Disciplina son reglas de comportamiento para mantener el orden y la subordinación entre los miembros de una colectividad. Autodisciplina es la capacidad personal de seguir reglas imprescindibles, con orden y constancia, usando solo la fuerza de voluntad.
Si todos hubiéramos sido conscientes, responsables y autodisciplinados habríamos evitado que el Covid-19 avance. No estaríamos lamentando la muerte de padres, hermanos, cónyuges e hijos. Esta pandemia ha azotado más en los sectores populares a quienes desacataron las medidas preventivas para cuarentena.
No podemos silenciar la irresponsabilidad personal y colectiva, la falta conciencia del deber humano para evitar propagar un mal que se convierte en irreversible en las personas. Nuestra obligación es invocar la disciplina colectiva y autodisciplina.
No se impide la libertad pero debe invocarse ejercitarla con organización. Todos deben laborar pero hagámoslo disciplinadamente. Si venden productos deben estar organizados racionalmente y quien compra puede hacerlo ejercitando los protocolos y que ambos no produzcan las aglomeraciones. No se vende más en los amontonamientos y quienes consumen pueden hacerlo donde están los productores minoristas pero organizados y disciplinados. Quienes tienen necesidad de ir a bancos y centros comerciales, que guarden la disciplina y tengan paciencia para que se les atienda. No es necesario fomentar el desorden.
Seamos responsables y autodisciplinados.