Más que evidente que, por profesión y ocupación, carezco de conocimientos médicos para dar recomendaciones sobre el cuidado de la salud, pero con la ventaja de saber escuchar a los que saben y emplear la lógica, esta última tan venida a menos en estas épocas en que nos ha tocado vivir.

Los especialistas en ciencias médicas y los expertos en salud pública nos recomiendan que en estos tiempos de la pandemia de la covid-19 debemos intensificar nuestros cuidados y así también cuidar a los demás.

Penosamente, por la extensa duración de la epidemia del mencionado coronavirus, las personas se cansan y van despreocupándose, lo que se observa es que muchísimas de ellas incumplen el indispensable distanciamiento social, sobre todo en mercados, conglomerados comerciales y paraderos de transporte público.

Lo señalado se agrava con el hecho de que las medidas de aseo, como debe ser la constante limpieza de manos, no se hace con la regularidad exigida, a lo que se agrega la inadecuada colocación de las mascarillas, en que se las ponen como collares o no cubren boca y nariz simultáneamente.

Ahora que hay la posibilidad, o por lo menos la esperanza de contar con vacunas que suministre el Estado, las medidas de protección a que nos referimos siguen relajándose, lo que se debería corregir.

Las acciones de distanciamiento social, higiene y uso de las mascarillas, deben cumplirse rigurosamente y por varias razones, la primera por ser normas emitidas por el Estado, las que tienen el carácter de obligatorias. A ello se adiciona el cuidado y respeto a nuestra propia vida, pero sobre todo por respeto a la vida de los demás. Miren solamente las carencias de camas hospitalarias, camas UCI y oxígeno medicinal, lo que siendo previsible no se tuvo en cuenta.

Si bien se han ido aliviando las disposiciones sobre el confinamiento domiciliario, ello no significa que salgamos de los hogares si ello no es absolutamente necesario, siendo conveniente la planificación de las salidas para racionalizar las mismas.

Si hay que ir a bancos, concentremos las gestiones por hacer para no repetir innecesariamente las visitas a las entidades de crédito. Igual podríamos decir respecto a mercados, supermercados y otros establecimientos mercantiles.

Quienes por sus actividades u ocupaciones pueden hacer trabajo remoto, habría que privilegiar el mismo, para que solo por excepción se hagan labores presenciales y las que requieran interacción con otras personas, sea en locales muy ventilados y siempre cumpliendo con el uso de mascarillas y el distanciamiento reglamentario.

Existen personas que se creen indispensables y quieren hacer todo presencialmente, así no se requiera. A esas personas habría que recordarles el viejo aforismo que me regaló como consejo un excelente amigo, que lamentablemente ya no está con nosotros. Dice el refrán al que hago mención: “Murió San Francisco que era un portento y ni pizca de falta que le hizo al convento”.