Para considerar la experiencia chilena sobre la Constitución

Para considerar la experiencia chilena sobre la Constitución

La Constitución Política de Chile aprobada el 8 de agosto de 1980 y vigente desde el 11 de marzo del año siguiente, seguirá constituyendo la Carta Magna de la sociedad mapochina pues los dos intentos por cambiarla, el primero dominado por una Convención Constitucional en manos de la izquierda chilena y, el segundo, que contó con un texto preliminar elaborado por hombres del derecho de este país hermano, pero en manos de la derecha, terminaron siendo rechazados mayoritariamente por la ciudadanía. En efecto el resultado ha sido abrumador como para no tener dudas de que la sociedad chilena ha terminado creyendo que mejor es lo viejo conocido que lo nuevo por conocer. Así, el 55% de los votantes chilenos consideran que la Constitución no puede hacerse con sesgo, sea de derecha o de izquierda, y están pensando en el futuro del país, y ese es el primer gran mensaje que debemos considerar en el Perú. Está claro que los planes para cambiar la Carta Magna dejarán de ser una prioridad en todo Chile. El gobierno de Gabriel Boric y la oposición chilena ya han expresado de diversas formas que la posibilidad de contar con un nuevo texto constitucional en realidad deberá esperar.

La actitud adoptada en Chile debe ser también considerada en el Perú por nuestra clase política, principalmente por aquellos que han venido insistiendo en la necesidad de cambiar la Constitución Política de 1993 tan solo porque fue dada durante el gobierno de Alberto Fujimori, olvidando que fue ratificada por el pueblo, y sin pensar en los efectos que ello supondría. Debemos seguir efectuando reformas a la Carta Magna –es una aberración jurídica pretender una reforma total de la Constitución que es tan absurdo como pretender formular una reserva total a un tratado–, y en esa línea mantener la actual ley de leyes. Chile ha dicho NO fundamentalmente al cambio de modelo económico y nosotros debemos seguir conservando el que rige para nuestro destino como Estado definido por una Economía Social de Mercado. No es fácil cambiar de Constitución para un Estado. Normalmente se da cuando han aparecido circunstancias de gravedad política, social o económica que vuelven irresistible conservar la norma constitucional vigente. Esas circunstancias no han pasado en Chile y mucho menos en el Perú. Por tanto, no se vaya a creer que una respetable manifestación ciudadana basta como para decidir un nuevo rumbo político para un país. Se trata de un recurso de impacto que suele mover las estructuras de la vida nacional, lo que tampoco se ha dado en el Perú, seamos claros. Conservemos la Constitución de 1993 y avoquemos nuestra preocupación nacional en priorizar la agenda del desarrollo que hasta ahora no efectivizamos.

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