El 2021 estará marcado por la segunda ola del Covid, es decir más enfermedad, empobrecimiento, dolor y muertes. Sería criminal que siga campeando la corrupción y la impunidad, que se repitan la falta de acceso a los servicios de salud, escasez de oxígeno, de camas UCI y ausencia de un protocolo de tratamiento. Europa está siendo nuevamente arrasada por el virus y Estados Unidos entró en su tercera ola por lo que nuestra segunda ola debería estar ya en el radar de los candidatos, funcionarios del sector economía y los gerentes de las empresas. Es urgente construir escenarios realistas de cómo se verá impactada la economía, cuánto más desempleo se generará y cómo evitar el colapso. Para esto último debería mirarse a las Fuerzas Armadas y Policiales como potenciales generadores de empleo. No estaría de más dotarlas de mayor presupuesto para que puedan absorber y capacitar a los miles de jóvenes desempleados y cuya fuerza vital podría canalizarse en: reforestación, mejoramiento de los servicios de agua y desagüe, paramédicos que asistan a los escasos doctores en las zonas más alejadas, logística de los programas sociales, constructores de millones de viviendas dignas de bajo costo en los cerros que rodean las ciudades de la costa y sierra (“casas de tierra o super adobe”. Ver: https://youtu.be/3MLk2VNddko

Hasta el fin de la pandemia o el desarrollo de una vacuna universal, la gran minería deberá privarse del beneficio tributario de la devolución del I.G.V., y enfocar sus acciones de responsabilidad social en la prevención y atención del Covid (saneamiento y salud). La minería informal e ilegal habrían de despenalizarse en tanto dure la pandemia; ambas mueven unos tres mil millones de dólares anuales y las coimas pagadas por esos mineros para evitar caer presos superan el 30%, según fuentes vinculadas a tal actividad. Bien podría acordarse que destinen 18% del oro al Banco Central de Reserva, BCR, dado que el Estado no ha podido con el fenómeno y el escaso oro “requisado” tiene final incierto.

La industria cervecera y de gaseosas consume nuestras aguas subterráneas y potable sin pago o por un pago ridículo (S/. 0.005 por litro de agua potable). Esta deberá pagar lo que todos y solventar proyectos de desalinización de agua marina para las poblaciones pobres de la costa y reciclaje de aguas servidas para crear huertos comunales en los arenales. ¿Eso le corresponde al Estado? Sí, pero sin virus chino sí. No aceptar cambios pasajeros ante el olón que se nos viene es sentenciar a muerte el libre mercado, es decir lo que realmente busca la China comunista con su virus supuestamente de “murciélago”.