Queridos hermanos, estamos ante el IV Domingo de Adviento, la Primera Lectura es del libro de Samuel, dice: “Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: «Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda». Es impresionante ver cómo vive Dios, vive en una Fiesta a pesar de la precariedad, es decir Dios vive y actúa en la historia, y no tiene dónde reclinar la cabeza. Sigue diciendo la palabra: “Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella?” ¿Dónde habita Dios? En la historia.

A la luz de esta lectura podemos preguntarnos ¿qué contenía el arca de la Alianza? Contenía la Toráh, es decir, la Escritura (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio), y también contenía el recuerdo del maná. Yo te saqué de los apriscos, yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Es interesante porque esto nos hace ver que Dios está con nosotros incluso en este tiempo del Covid, en medio de la desinstalación que estamos viviendo. Por eso, el Señor dice que pondrá paz en medio de nuestros enemigos y hará una dinastía. El Señor hace una profecía: “Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre”

Por eso respondemos con el Salmo 88: “Cantaré eternamente tus misericordias, Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad”. Si bien durante este tiempo no hemos podido ir físicamente al templo, nos invita a entrar en el templo que es su misericordia.

La Segunda Lectura que es de San Pablo a los Romanos nos invita a fortalecernos según el Evangelio en medio de las dificultades. Es por esto que Él nos ha revelado un misterio: el misterio de la cruz, de la pobreza, de la precariedad, el misterio del nacimiento de Jesús en Belén. Esta lectura nos invita a la obediencia de la fe en Dios, que es el único sabio, el único en que podemos confiar.

Ante estas palabras cantamos el Aleluya: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

El Evangelio de esta semana es de San Lucas, nos habla de la Anunciación: “el arcángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo»”. Es decir, gratis le viene a anunciar una buena noticia. Continúa Gabriel diciendo: No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le podrás por nombre Jesús.

Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. María se quedó sorprendida porque tenía sus proyectos de vida. Por eso Dios ha destruido todos nuestros proyectos, están siendo destruidos por esta pandemia. El ángel le da a María una garantía: “tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible”. No olvidemos estas palabras durante este tiempo de pandemia: “NADA HAY IMPOSIBLE PARA DIOS”. Yo los invito hermanos, a responder con la actitud de María:

“Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

Y que la bendición de Dios esté con todos ustedes.

Obispo emérito del Callao