No es fácil si vives en tu zona de confort o si le temes a la muerte. Debes haber adquirido ciertas habilidades, la primera es ganarle a la presión interior. Subirte a un avión, caminar en las cumbres, vencer al trueno, no quejarte y responder preguntas, que gobernar es rendir cuentas.

Deben parecer los consejos que el Quijote daba a Sancho cuando este la hizo de gobernador en la Ínsula Barataria, aprovecha. “Mirad, amigo Sancho —respondió el duque—: yo no puedo dar parte del cielo a nadie, aunque no sea mayor que una uña, que a solo Dios están reservadas esas mercedes (…) Si una vez lo probáis, Sancho, comeros las manos tras el gobierno, por ser dulcísima cosa el mandar y ser obedecido”. Y aquí no se piense mal, que no se gobierne con el hedonismo de regir sino con el estoicismo de servir.

La segunda presión es exterior. ¿A quién te debes? A todos, porque no eres presidente de una región, de un partido, de una clase, de una idea. No hay un cuarto o medio presidente.

El pueblo es todo el conjunto de habitantes de todo un país. ¿Viste que se escribió deliberadamente la palabra “todo” dos veces? No se representa siquiera a los votantes, que termina en el neto siendo una minoría, mira que el Parlamento tiene mucho más que tu fracción.

Hay una contradicción entre imponer lo propio al costo de la pluralidad y ser hombre de Estado. Partido viene de “pars”, de “parte”, por tanto, no hay un todo que se imponga sin destruir la democracia.

Lincoln distinguió al político del estadista: “…el político se preocupa de las próximas elecciones mientras que el estadista se preocupa de las próximas generaciones”. Sí, pero ¡cuidado! ¿Quieres imponer tus ideas a las siguientes generaciones a costa de su propia pluralidad? Cada tiempo tiene sus respuestas, como cada individuo. Si lo pensamos bien, la legitimidad democrática del gobernante depende de cuan libre sea cada cual.

Sigue a tu conciencia, no vayas por extremos (que ya tragedias trajeron). Lee de economía, de asignación de recursos, se realista, huye del dogma. Gobernar es una gracia, dura poco. Para ser presidente hay que estimar la libertad, como se estima el criterio y las experiencias exitosas. El desarrollo no lo hace el pensamiento de un solo hombre, lo hace el empeño e inventiva de millones de personas para labrarse un futuro mejor.

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