El doble rasero de la fiscal de la Nación, Zoraida Ávalos, es monumental. La amiga del lagarto ha denunciado constitucionalmente al expresidente Manuel Merino, al expremier Ántero Flores-Aráoz y al exministro del Interior Gastón Rodríguez por las muertes de los jóvenes Inti Sotelo y Bryan Pintado durante las violentas protestas de noviembre del año pasado en contra de la vacancia de Martín Vizcarra.

Ávalos les imputa la presunta comisión, en la modalidad de omisión impropia, de los delitos de homicidio, lesiones graves y leves, pues sostiene que los funcionarios no adoptaron medidas para controlar el uso de la fuerza policial frente a los hechos vandálicos.

En simple: como la jefa del Ministerio Público no pudo acusarlos de ordenar que la Policía actúe de forma desproporcionada, ahora los denuncia por no haber hecho nada para evitar los fallecimientos. Los cadáveres de Inti y Bryan registran heridas por balas de plomo, pero la PNP usa balas de goma.

¿Quién los mató? Ni la fiscal de la Nación lo sabe porque en su denuncia no desarrolla ello. Tampoco hay foto o video que muestre lo acontecido. Diferente es el caso del paro agrario, en donde se captó en imágenes a un policía disparando su arma reglamentaria contra los protestantes.

Sin embargo, a pesar de que esta movilización dejó 3 muertos y una veintena de heridos, Zoraida Ávalos no ha interpuesto acusación alguna contra Francisco Sagasti, Violeta Bermúdez o José Élice.

Este último, por cierto, dijo ser el responsable político de lo sucedido. Ávalos también se hizo de la vista gorda en torno a los muertos en un restobar de Comas a causa de un mal operativo policial. Según la titular de la Fiscalía, Vizcarra no tiene culpa en este caso ni por los miles de decesos que provocó su nefasta gestión ante la pandemia del coronavirus. Para Zoraida Ávalos, hay muertos más iguales que otros.

Lo cierto es que la acusación constitucional contra Merino, Flores-Aráoz y Rodríguez está cargada de tinte político. Pretende, pues, reñirlos por la caída del vacado -y vacunado a escondidas- exmandatario.

Me pregunto: ¿cuál es la acusación que merecen, entonces, los morados (Guzmán, Sagasti, De Belaunde, Olivares y demás (malas) hierbas) por azuzar a los jóvenes a que salgan a las calles en pleno estado de emergencia por un inexistente golpe de Estado o por inventar desaparecidos que nunca desaparecieron?

El Parlamento debe archivar la imputación presentada por Ávalos y, a su vez, iniciar una investigación para saber lo que realmente ocurrió en las marchas contra el régimen constitucional de Merino. Lo que sí está clarísimo es que Sagasti fue ungido encima de los cuerpos inertes de un par de muchachos equivocados.

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