Paraíso de letras


Paraíso de letras

Al margen de las exigencias legales, referirse a los Estudios Generales Letras en las universidades es referirse a una de las más placenteras travesías intelectuales. Los “Estudios Generales” se gestaron durante el siglo XX a sabiendas de que la especialización es buen negocio, pero también una manera de cuadricular el intelecto, de no alinear el trabajo útil con ese rico universo que nos permite la formación multidisciplinaria.

Letras fue el descubrimiento del genuino espíritu universitario que nace en Bolonia por devorar el mundo. Petrarca, Erasmo, Copérnico, Tasso, reciben ese universo para transmitirlo como heredad. En el caso de este columnista fue la época del descubrimiento a través de los grandes maestros en el aula (sería injusto mencionar y omitir). Fue la exploración profunda en la historia, la literatura, la filosofía, la psicología, la economía, la lingüística, la realidad social, la ética, el arte…Para un renacentista no hay paraíso más amable que el de un aula abierta al mundo, sin prejuicios. Según Luis Alberto Sánchez, el espíritu de los estudios generales es el de la vocación cósmica del conocimiento.

Más allá del goce del saber se ubica la utilidad. ¿Para qué las letras? Para amar el saber, porque nada hay más poco estimulante que un abogado centrado en las leyes y que no se salga del patrón. Un abogado, un ingeniero, un médico y, lo que es peor, un periodista que no lee lo clásico y lo actual, que no se abandona a los libros, que no se emociona ante una pintura, que no se extasía ante la perfección de una escultura, que no escribe ni se deleita, que no va al cine, que se duerme a la luz de la pantalla de un gran largometraje, es solo una pieza útil dentro de un gran engranaje que deshumaniza y mutila.

Algunas veces me ha tocado hurgar verdades en tertulias trascendentes con militares, ingenieros, médicos o abogados y he descubierto formación y que esta los había tornado en contertulios críticos, expansivos e imaginativos, lo que redundaba finalmente en el campo de su especialización. Este viejo debate me recuerda la lucha entre Ariel y Calibán, el ensayo de Rodó y la recíproca negación entre los que desprecian las humanidades (en favor del pragmatismo utilitario) y los que asumen que el saber humanístico no solo te hace tolerante y sabio sino también un mejor profesional. Asumo que estos últimos son los que llevan la razón.