El llamado paro agrario hizo que el norte y el sur del país entraran en modo Tía María. Todos sabemos qué significa esto: bloqueo de carreteras, ataque sanguinario contra la Policía cuya razón de ser es preservar el orden público, lluvia de piedras y hasta huaracas para lanzarlas a larga distancia. Los trabajadores agrarios (¿lo serán?) tumbaron una ambulancia que trasladaba a un enfermo y luego la quemaron.

Ante ello los ministros del Interior y de Salud solo dijeron: “En Ica había 9 ambulancias, ahora quedan 8”. La flema más inglesa no hubiera soltado tal barrabasada. Los vejámenes contra la Policía son de película de terror. Los agentes fueron heridos fuertemente en la cabeza por el impacto de piedras. Los tomaron de rehenes y los canjearon por detenidos.

Las expresiones del ministro del Interior, José Elice, son enervantes y poco suman. Le mostraron la imagen de un suboficial sangrando, secuestrado por la turba, y afirmó: “[Los policías] están un poco contusos, pero están bien, un poco golpeados”. Además, insiste en que las protestas contra Merino eran marchas cívicas, cuando le lanzaron a la Policía piedras a granel y fuegos artificiales.

El titular del Interior sostiene que en las protestas violentas a cargo de vándalos que bloquean carreteras y afectan a miles de peruanos la Policía debe actuar de acuerdo a reglas establecidas en un manual y mejorar su imagen ante la población. Para mejorar su imagen se fue a Ica a chocar la mano (contrario a la prevención del coronavirus) con los cientos de policías que están en la carretera resguardando el orden público. Creyó que era un patricio romano despidiéndose de su guardia de elite.

Elice no sabe dónde está parado. Era secretario general de Palacio y ante la crisis que provocó la ilegal ‘poda’ en la institución fue designado ministro del Interior. No tiene idea de lo que es enfrentar un bloqueo de carreteras. Quiere que todos (violentistas, ciudadanos y policía) nos “abracemos”.
Igual que con la protestas por Tía María, una buena parte del Perú está parado.

Muchas empresas de agroexportación han detenido sus labores porque quienes quieren ir a trabajar no pueden. Un caos que aún no termina y que finalizará mal porque no se suben los salarios vía una ley. Pero al igual que Vizcarra, el presidente Sagasti quiere endilgarle al Congreso la solución de este enorme problema.

Gente violenta exige brutalmente derogar la ley agraria, que propició crecimiento en el sector, y se le debe atender ya, ya. El resto del país no interesa. El mensaje que deja este gobierno, no elegido por el pueblo, es: los reclamos sociales solo funcionan si tienes una piedra en la mano, se toman vías y hay enfrentamientos violentos con las fuerzas del orden. Involucionamos y de qué manera.