Luis migró a Nueva York hace diez años desde Sakalandia. Se levanta de la cama, desayuna opíparo, tiene un buen empleo en un rascacielos, viste bien, tiene un descapotable, de noche va al teatro Majestic en Broadway, mira su ciudad con amor…
Luis es un intelectual sarcástico y bon vivant, llama a su coterráneo amigo Antonio a Sakalandia. Repara que este vive azorado por la posibilidad de una revolución y le advierte que desde su lejanía neoyorquina él sí la aprueba. La urdimbre moral, el buenismo, la reserva moral, un cóctel que Antonio nunca consideró en Luis una virtud sino una sutil hipocresía. Antonio trabaja, y a pulmón logró lo poco que pudo tener, pero la revolución llega. Con ella concluyen las libertades, la propiedad es abolida, el totalitarismo sepulta la ilusión. Antonio se empobrece, la hiperinflación lo devora. Tampoco puede opinar. Hace largas colas a diario por su ración de alimentos. Su casa ya no es completamente suya, solo aspira a irse del país. Un solo Diario, control social, el ojo de Orwell ahogándolo. Todo es monocorde e infeliz. Le dicen que no hay lugar a la disidencia y que no queda opción.
Luis lee las noticias desde Nueva York y celebra la revolución que a su tierra llegó. Los libros radicales que lo formaron adquieren otra dimensión, el diccionario revolucionario lo eleva en esa hora victoriosa ¡Viva la revolución y la probidad! Antonio, mientras, ha perdido la opción de abrigarse, pero no le importa porque prefiere morir; también perdió la fe…Ya nadie fiscaliza al poder. De pronto observa, los ricos de arriba se fueron, los que se quedaron son ahora como él, aunque él es más pobre que antes y tanto como aquellos que raspaban la miseria y que continúan igual. Muchos cruzan las fronteras, la pobreza es una categoría general.
Antonio relee lo que le escribía Luis desde Nueva York, pontificando, ironizando sobre los políticos y las instituciones, moralina progre: “hay una situación de desigualdad, es importante que los revolucionarios continúen, solo así vendrá la justicia a nuestra Nación…y si es necesario cambiar el sistema de vida de las personas, poco importa, que se haga afecte a quien le afecte, ¡cambiémoslo todo!”.
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