La inflación es un impuesto para los más pobres. Si un desayuno cuesta S/ 10, para una persona que gana S/ 100 acceder a él representa el 10% de su dinero. El mismo desayuno, para alguien con ingresos por S/ 1000, representará tan solo el 1%. Volvamos al mismo desayuno un año después. Si ahora cuesta S/ 15 representará el casi el 15% de sus ingresos para el primer comprador, mientras que para el segundo 1.5%.
La inflación no afecta a todos por igual. Las personas con menos recursos deben destinar un mayor porcentaje de sus ingresos para cubrir la canasta básica. Eso es lo que nos ha pasado a los peruanos en agosto de este año, pero no hemos sido los únicos.
La inflación es un hecho mundial. La FAO advirtió que los campos no cuentan con la mano de obra suficiente, por lo que los commodities tienen una tendencia al alza. Lamentablemente la solución a este entrampamiento no se observa en el corto plazo y tendremos que aprender a convivir con este fenómeno económico.
Nuestra inflación local (que en términos anuales subió en 4.95% superando el rango meta del Banco Central) ciertamente tiene un alto factor externo, sin embargo, también tiene mucho porcentaje local y de expectativas. Los cinco productos que más subieron en agosto son la electricidad residencial, pollo eviscerado, gas doméstico, aceite vegetal y jurel.
Para septiembre se espera que el efecto del alza tarifaria de la electricidad sobre la economía se observe plenamente y tienda a estabilizarse. Además, es de esperarse que las amas de casa ya hallan encontrado otras alternativas para el menú diario fuera del pollo y el jurel. Pero ¿qué pasará con las expectativas inflacionarias?
En el caso de los grandes jugadores económicos, ¿podrán ser controladas sin una ratificación formal y evidente (papelito manda) de Julio Velarde al frente del BCR? , ¿sin saber quienes serán las personas que lo acompañarán en el ente emisor? Y sobre todo, ¿cómo reaccionarán ante las medidas (elevar la tasa de interés en soles) que deberá tomar el Banco Central para parar la inflación?
Por el lado del ciudadano a pie, la situación es más crítica y es en este espacio donde el efecto se ve con más virulencia. Cuando el hambre aprieta, las políticas macroeconómicas o la caída en el riesgo país poco importa. La canasta familiar vuelve cada vez más vacía del mercado y la proteína se aleja de las ollas comunes. De acuerdo al INEI, el subgrupo alimentos y bebidas consumidas dentro del hogar se vio impactado por el incremento anual de grasas y aceites (44.37%), pescados y mariscos (16.55%), carnes y derivados (11.96%), así como de tubérculos y raíces (11.56%).
Ciertamente la inflación peruana aún no es un grave problema, pero tal como lo advertimos meses antes, no debe ser descuidada, dado que las expectativas son difíciles de controlar y sus consecuencias más graves las pagan las personas más vulnerables. Recordemos que no hay lonche gratis.

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