Un congresista que nos merecía antes mejor consideración que hoy, justificó a regañadientes su voto en contra de la vacancia del presidente Vizcarra en la “disciplina partidaria” ya que para él la conducta del jefe de Estado lo ilegitima para el cargo y es según la doctrina un “Pato Cojo”. El hoy legislador tiene todo el derecho de opinar y votar como le parezca, pero ya que ha mezclado una supuesta doctrina jurídica con el llamado Pato Cojo o Rengo valen algunas precisiones con la tranquilidad –aunque sea pasajera- de que la vacancia de marras ha quedado en nada por falta de votos.

El tal Pato no es fruto de doctrina alguna sino de la ocurrente jerga política norteamericana. Originalmente, la frase palmípeda era utilizada por los británicos allá por el siglo XVIII para calificar a un empresario quebrado y pasó a EEUU un siglo después identificando a los políticos sin éxito. La cosa se fue sofisticando y esta clase de pato sirvió para caracterizar a los amigos del Primer Mandatario y de otras autoridades que eran nombrados fugazmente en cargos públicos cerca del término de su administración-¿alguien dijo la OEA?-. Finalmente, durante la década de 1920 se utilizó para la campaña de reforma constitucional conocida popularmente como la “Enmienda del Pato Cojo” que dio a luz en 1933 a la vigésima enmienda de la Carta estadounidense. En pocas palabras, esta modificación permitió la desaparición de los legisladores del Capitolio, así conocidos porque a pesar de perder su curul en las elecciones generales que entonces se celebraban en el mes de diciembre se mantenían orondos en sus escaños hasta marzo del año siguiente gozando nominalmente de todas las atribuciones. En resumen: el dichoso Pato Cojo –hay también el “pato sentado”, “pato muerto”, etc., en la jerigonza gringa- define por argot y no por doctrina aquella autoridad –sobre todo la presidencial- cuyo poder real disminuye al aproximarse el fin de su mandato o por haberse ya elegido a su sucesor.

Vamos a lo serio. Nuestro jefe de Estado, sin dejar de ser Pato Cojo por los pocos meses que le quedan en el gobierno, es un Presidente mellado que afronta serias imputaciones éticas y más que pueden ser penales al final de su gestión. Mayor razón, si es buen entendedor, para que el tiempo que falta no se desperdicie aberrantemente en conflicto de poderes sino en beneficio del país que sufre la peor de sus crisis. ¡AMÉN!