Pedro Castillo, candidato a la presidencia por Perú Libre (PL), profesor de primaria, se reveló como un actorazo de polendas. No es nuevo en política. Fue candidato del toledismo y perdió; dejó Perú Posible el 2017. Pasó a ser dirigente del filosenderista SUTEP-CONARE, liderando una larga huelga magisterial. Se le imputó con razones su cercanía con Sendero. Quiso hacerle cholito a Patria Roja y levantarse la Derrama Magisterial. Fracasó.
No es el humilde profesor de primaria como se presenta, qué va. Ducho en las lides políticas, fue captado por otro ultraizquierdista como él: Vladimir Cerrón, neurocirujano, doctor en medicina, con estudios en Cuba y ‘amiguis’ de Maduro y Chávez. Ha sido dos veces gobernador regional de Junín, hoy suspendido y condenado por corrupción. Castillo cuestiona la sentencia. Cerrón es el factótum de PL, ideólogo, abraza el marxismo-leninismo, es el organizador. Publicó textos escolares pro-Sendero y lucha armada.
Nuestro Fantomas ‘perucho’ se muestra como un bucólico pedagogo que se entristece, ofende e indigna cuando le dicen terrorista. Cómo conciliar esto con un vídeo donde nuestro histrión presidenciable aparece cantando un himno senderista con un grupo de maestros. Nadie le pregunta. Tiene por los menos cuatro congresistas electos con condena por terrorismo. Nuestro Fantomas no tira bombas pero sus ideas siembran terror.
De qué vive el ‘desvalido’ Castillo. Debe confirmarnos si tiene licencia sin goce de haber. La ley permite guardar el puesto por dos años en el Estado por razones de salud o personales. ¿Hacer carrera electoral es algo personal?
Castillo ganó en el Perú andino. No por sus ideas ultraizquierdistas obviamente. En Puno prometió, con ayuda de Evo Morales, vender el gas a 11 soles (precio de contrabando). Barrió. En los otros departamentos usó la estructura del SUTEP (¿CONARE?) y la estrategia senderista del campo a la ciudad. Se presentó como el ‘profe’ justiciero y austero, la gente se identificó con él. Además, otros no llegaron hasta allí por la pandemia, que dibujó una elección atípica y extraña.
Los peruanos estamos indignados por la inhumana y pésima gestión frente al COVID-19. Hemos muerto cruelmente. Castillo se presentó como el salvador de las desgracias de los pobres. Reparte todo. La corrupción e ineficiencia de los gobiernos de Humala, PPK, Vizcarra, el robo en las regiones, la prohibición de la reelección congresal gestaron a Pedro Castillo. Sendero no surgió por la pobreza, otros países la sufren y no hay terrorismo.
Además de histriónico, nuestro Fantomas es ‘marketero’. Ha logrado, gracias a los medios vinculados a Odebrecht y a Vizcarra, la foto del profesor agricultor con vaca y gallinas más. Una imagen vale más que mil palabras. Esa prensa debería preguntarle su posición frente a Abimael, quién lo financia, dónde funciona el marxismo-leninismo, cómo concilia esto con sus citas bíblicas. Para los anti-Keiko reza el dicho: “esto es como la sopa de Herodes, o la tomas o te jodes”.