En el tráfago de propuestas gubernamentales, una que no podrán esquivar Pedro Castillo ni Keiko Fujimori es el llamado “aborto terapéutico” o “aborto seguro”, política de salud pública consagrada en la normatividad peruana y que, además, forma parte de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, reconocidos a nivel mundial.
Este enunciado nada tiene que ver con el incentivo al aborto como principio general, objeto de tantas y quizás justificadas polémicas. Su despenalización en Argentina en diciembre del año pasado, provocó en nuestro país el atrincheramiento de las posturas polarizantes, enfrentando a los núcleos sociales que defienden la vida desde la concepción (soslayando la protección a la vida de la madre gestante) contra los ultramontanos que aplauden la interrupción del embarazo en cualquier circunstancia y lugar.
No es que ambos candidatos hayan silenciado opiniones al respecto, pero sí deben ampliarlas. Y en el caso del profesor Castillo, esclarecerlas. Días antes de las elecciones, éste declaró al programa “Nada está dicho” de RPP que, en un eventual gobierno suyo, no legalizaría el aborto, el matrimonio igualitario ni la eutanasia. “Hay que defender a la familia en la escuela. Pensar en otra cosa es quebrar a la familia. Como maestros, respetamos los valores de la familia y hay que profundizarlos”, subrayó.
Sin embargo, en la página 24 del “Ideario y programa” de Perú Libre, presentado ante el Jurado Nacional de Elecciones, hay un subtítulo relativo a la “Despenalización del aborto” en el cual se avala este procedimiento. “Según las estadísticas mundiales -dice– los países que han despenalizado el aborto lograron que el número de los mismos bajaran; permitió salvaguardar la vida materna al ser atendida institucionalmente; redujo prácticas ilícitas de personal médico, paramédico y no médico; disminuyó la mortalidad infantil; y evitó prácticas genocidas como la esterilización forzada en el Perú”. ¿Cuál de los dos enfoques prevalece?
Por su parte, Keiko ha sido flexible con la práctica del aborto seguro. “Comprendemos que en determinados supuestos, como lo constituye un embarazo como consecuencia de una violación, o una enfermedad terminal que infringe dolor a quien lo padece, podrían generar razonamientos que busquen excepciones a esta forma de pensar (proteger la vida desde la concepción)…El aborto terapéutico, el que protege la vida de la madre, es una excepción, con la que sí estoy de acuerdo. Sería inhumano dejar que un embarazo ponga a una mujer en peligro de muerte o de un mal grave y permanente”, se lee en la página web de RPP del 3 de marzo.
Desde abril de 2019, la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO) ayuda a implementar en nuestro país, a través de la Sociedad Peruana de Obstetricia y Ginecología (SPOG), el proyecto de abogacía del aborto seguro, con la finalidad de garantizar la extensión del conocimiento y acceso de las mujeres gestantes a ese derecho. Es necesario consolidarlo porque la cifra de abortos clandestinos e inseguros que producen el fallecimiento de quienes lo practican, crece de manera alarmante.

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