La gestión del no electo Francisco Sagasti es un adelanto de la catástrofe de un eventual gobierno del partido Morado con Julio Guzmán de presidente, el nuevo okupa de Palacio como su vice y congresistas escandalosamente indoctos. Inmersos, como estamos, en la letal segunda ola del virus chino -con sus variantes británica y brasileña ya en el Perú-, las prioridades de Sagasti son estúpidas y frívolas. Mediante comunicado ha pretendido desmentir el gasto palaciego en ‘cupcakes’; y su premier Violeta Bermúdez anda con el ánimo tan elevado que le da para bromitas. “A mí nunca me dieron un quequito”, dijo la pro aborto, mientras en el mundo real, la covid-19 está matando cada 24 horas a 208 compatriotas, según informó el viernes el semanario “Hildebrandt en sus Trece”. En las actuales circunstancias se esperaría que quien funge de presidente no hable de queques sino de vacunas y explique el retraso en la adquisición de éstas, el por ué de la elección de la china (no aprobada por la OMS), cuyo precio es de 75 dólares por dosis, frente a los 3.36 de la vacuna de Oxford-AstraZeneca. No ha mostrado contrato alguno y solo se mencionan acuerdos y negociaciones. Veremos cuándo empieza la vacunación.

El partido Morado, que en noviembre gritaba “golpe” por la vacancia del corrupto Vizcarra, no tuvo empacho en empujar a uno de los suyos para ocupar su lugar. Así, metieron a Sagasti por el hueco de la puerta más falsa y apolillada de Palacio. El señor de los pañuelos y su equipo de desatinados no habilitó nuevas camas UCI (el jueves solo quedaba una disponible en todo el país), tampoco plantas de oxígeno, cuya demanda se ha incrementado en 300%. La ministra de Salud, Pilar Mazzetti, quizá contagiada por la mitomanía de su exjefe Vizcarra, anunció que en Pisco ya hay una planta operativa. ¡Falso!, apenas está la infraestructura donde se instalará la maquinaria, y lo mismo ocurre en Huacho y Chepén, según se supo gracias al programa de Philip Butters. Sagasti, como el pillo Vizcarra, inaugura plantas de oxígeno financiadas e instaladas por empresas privadas y grupos de pobladores.

Todo pueblo tiene sus tontos, sus locos, sus frívolos y sus perversos, los Morados parece haberlos convocado a todos en el momento más crítico de nuestra historia republicana. La insolidaridad del Ejecutivo es espeluznante, mientras el virus chino enluta miles de hogares (pobres y ricos) no se toman medidas para apoyar a los menos privilegiados. Los nombres de estos asesinos mediatos deben labrarse en piedra, junto al de Vizcarra y los suyos, para que no olvidemos a los responsables de tanto dolor, empobrecimiento y atraso. La imagen de profesional capaz de Sagasti se esfumó para dar paso a la verdad: un simple y mediocre burócrata internacional. Dios nos proteja.