Tres equipos, cada uno con su programa, se disputan a Castillo. El análisis no es difícil cuando los hechos son claros.
Cerrón se cree dueño de Castillo. Su plan es el del comunismo ortodoxo de Trotsky y Lenin: tomar el poder en días.

Para Cerrón los cubanos de hoy son unos blandos que firman hojas de ruta. Los otros dos equipos creen que podrán separar a Castillo de Cerrón.

Estos son, primero, los de la Vero y su programa. Han pasado por el gobierno antes (o al menos por las empresas estatales y los programas sociales, un Estado dentro del Estado). Les gusta pensar que son tecnócratas de izquierda. Es un oxímoron. Son caviares de la Cato, eso es todo.

El tercer equipo tiene un programa llamado Plan 200. Es aprista de origen, motivo por el cual ha habido que cambiarle el nombre por el de Plan Bicentenario. Nadie sabe de qué se trata.

Desde luego, Castillo no va a elegir ahora a ninguno entre ellos. Cree que lo astuto es engañarlos y embarcar a todos aunque sean incompatibles. La transparencia le vale madre. Ya verá lo que hace si gana. Lo suyo es la improvisación.

No voy a especular sobre cuál de estos finalmente se apoderará de Castillo. No vale la pena. Da más o menos lo mismo.