Perfiles de coraje

Perfiles de coraje

Releía un libro editado por la historiadora Claudia Rosas (PUCP, 2005) sobre el miedo en el Perú desde el siglo XVI al XX: la amenaza pirata, la excomunión, los terremotos, la plebe, la revolución. Sigue Sendero que, como las nuevas y extrañas pestes, nos asolaron. Los historiadores tienen una visión colectiva, pero recomiendo una más intimista y testimonial en Reportaje de la Historia, 136 relatos de testigos presenciales sobre hechos ocurridos en 25 siglos (Planeta, 1962, tres tomos).

Los miedos del siglo XXI tienen otro cariz, son más de esos que vienen debajo, tan individuales, íntimamente trascendentes o a veces prosaicos (sin desmerecer los asaltos cotidianos). ¿Por qué tocar el tema? El libro de Rosas cita una frase de Jean Delumeau invirtiendo mi pregunta: “¿Por qué ese silencio sobre el papel del miedo en la historia? A causa de una confusión mental ampliamente difundida entre miedo y cobardía, valor y temeridad (…) por reacción natural han tendido durante mucho tiempo a camuflar las reacciones naturales que acompañan a la toma de conciencia de un peligro tras la apariencia de actitudes heroicas”. Sin embargo, creo que la historia del coraje es útil para paliar el temor o entenderlo.

El miedo es natural y tiene bases reales; la ansiedad no las tiene, solo crea monstruos. Una nos protege de males reales, la otra nos agobia con la escaramuza de males imaginarios. A veces confluyen. Los miedos son hoy más particulares. El familiar directo con Alzheimer, el amigo al que se le introdujo un tubo dentro de la carne para succionar una sustancia, al que se le abrió el pecho, el cáncer y la tortura de su tratamiento, las hordas de enfermedades poco creíbles, la tragedia familiar de un cercano, el desamparo que acompaña al desempleo, la pobreza, la indiferencia. Pese al horror de lo incierto, siempre subyace una cuota de valentía que escuchar.

Muchos de los miedos que nos sitian son producto de lo que vemos, por ejemplo, las muertes (demasiado tempranas a veces para la vitalidad y edad del que se fue). Las redes sociales avisan, todos se sienten vulnerables.

Sin el coraje y el ejemplo guerrero de algunos nos sentiríamos desguarnecidos. Esos personajes que nos cuentan sus desventuras nunca horadan; nos fortalecen, son nuestros héroes inmediatos, acallan los truenos inexistentes que Sófocles atribuía a nuestros temores. Los héroes modernos no llevan corazas, luchan a pecho descubierto contra su destino.