Queridos hermanos estamos celebrando el Domingo XII del Tiempo Ordinario. La primera lectura nos habla Job. ¿Quién cerró el mar con una puerta y la arrogancia de sus olas? Dios es el que domina la arrogancia, la soberbia, la prepotencia del hombre y de la naturaleza. En la soberbia y el orgullo está el infierno.

Por eso respondemos con el Salmo 106: Demos gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Nos quiere librar del egoísmo y de la prepotencia humana, ojalá este espíritu se de en medio de nosotros.

San Pablo en la segunda carta a los Corintios dice: “Nos apremia el amor de Cristo, porque si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para no vivir para sí, si no para el que murió y resucitó”, el Señor nos invita a no vivir para nosotros mismos. Esta actitud está muy impregnada en el corazón nuestro, vivir para nosotros y no darnos a los demás, el demonio nos engaña siempre a vivir y nos propone vivir para nosotros mismos, para nuestros egoísmos, y nos encontramos siempre con la frustración y la muerte, porque el hombre está hecho para amar, es decir para vivir para los demás, por eso el que vive con Cristo es una criatura nueva, lo viejo ha pasado y ha llegado lo nuevo, que es la resurrección y el hombre nuevo que nos ofrece Cristo gratuitamente. Pidamos al Señor que cambie nuestro corazón.

En el Evangelio de San Marcos nos invita el Señor a ir con él a la otra orilla, es decir a la resurrección. Dice que estaba Jesús dormido y vino un gran huracán y las olas rompían la barca hasta llenarlas de agua, los discípulos le despertaron diciendo: Maestro ¿no te importa que nos hundamos?, es decir que muramos, y el Señor increpó al viento y dijo: silencio, cállate, y el viento cesó. Por eso hermanos ahora hay un gran viento, un gran huracán en todo el Perú que quiere destruir al hombre. Hermanos recemos, pidamos al Señor que nos lleve a la otra orilla, es decir a la resurrección, a ser testigos de la resurrección de Cristo, que se de en nosotros el hombre nuevo, no seamos cobardes, tengamos fe, y ¿quién es este, que el viento y las aguas le obedecen?, es el Señor.

Por eso hermanos volvamos, retornemos al que tiene poder. Por eso Jesús está resucitado y nos ama en medio de nuestros pecados. Invoquemos el nombre de Jesús en medio de la situación que estamos viviendo, de prepotencia, de orgullo, invoquemos su nombre, su poder y dejémonos transportar por Jesucristo hasta la otra orilla que es la resurrección, qur es el poder de Dios, no vivamos ya para nosotros mismos que nos produce frustración, fracaso y muerte, ocupémonos del que está más cercano, del pobre, salgamos de nuestra soberbia, de nuestra prepotencia, y hagamos actos de humildad de servicio al hombre para que el Señor nos ayude.
Que la bendición de Dios este con toda su familia y con todos ustedes.

+ Con mi bendición episcopal

Mons. Jose Luis del Palacio-Obispo E. del Callao