“No hay peor sordo que el que no quiera oír” dice un refrán popular. La economía nacional continúa deteriorándose. Como hemos expresado, con la pandemia se cerraron muchas empresas y sus servidores sufrieron la “suspensión perfecta de labores”, es decir se quedaron sin empleo y por ende sin remuneraciones. La situación se agravó con la campaña electoral donde “propusieron” medidas socio económicas que ahuyentaron a inversionistas nacionales y espantaron a los extranjeros que dejaron de invertir capitales en el Perú. Resultado: el dólar americano elevó su cotización devaluando la moneda nacional y, seguidamente, desde la segunda vuelta electoral, comenzaron a elevarse los precios de los productos alimenticios, vestuarios, medicinas y otros.

Nuestro país requiere que empresarios nacionales y extranjeros hagan sus inversiones constituyendo importantes centros de trabajo formales para producir bienes para el mercado nacional y la exportación. También el Estado debe invertir para incrementar su infraestructura, atender los servicios públicos. Resultado: se requerirá de trabajadores los que percibirán remuneraciones que les permitan una digna vida familiar. Aumentarán el consumo de mercaderías varias e incrementarán la recaudación de impuestos con los que el Estado consolide la situación económica nacional y mejore los servicios de educación, salud, vivienda, seguridad ciudadana, etc. Casi todos los peruanos coincidimos en que no se debe espantar a los inversionistas. ¡No cierren la mirada a la fuga de capitales!

Con “bonos” y otras formas de “reparto” de dinero proveniente del erario nacional no se soluciona la economía del Estado ni se combate la pobreza cada vez más extrema; al contrario, se provoca el riesgo de la inflación y los precios de toda clase de productos seguirán incrementándose y consecuentemente las remuneraciones provenientes del empleo no alcanzarán para el sustento familiar. Pronto, no solamente los trabajadores, saldrán a las calles para solicitar aumento de salarios. Volveremos a lo producido de 1980 a 1989.

El Gobierno debe abocarse a una política que incentive una firme estabilidad económica y social, promueva las inversiones dando a los empresarios las debidas garantías, lo que generará empleo y estabilidad en los precios, solidificando la economía nacional.

El “buscar” la confrontación política y de los poderes del Estado (Ejecutivo y Legislativo) evidencia solamente los temores de los políticos electos. En el último “mensaje” presidencial no se ha evidenciado la convocatoria para que empresarios nacionales y extranjeros inviertan en el país y contribuyan generando trabajo para los peruanos. Esto no limita sus posiciones ideológicas.

Para más información, adquiere nuestra versión impresa o suscríbete a nuestra versión digital AQUÍ.

Mira más contenidos siguiéndonos en FacebookTwitter Instagram, y únete a nuestro grupo de Telegram para recibir las noticias del momento.