El Congreso está paralizado, víctima de la amenaza de su cierre por el Ejecutivo. Este último, a su vez, está estancado no sólo por la enorme presión ciudadana contraria a su desesperación por convocar a una asamblea constituyente para declarar al Perú como república comunista, sino por su monumental incapacidad como administrador del Estado y, consecuentemente, por su ineptitud para brindar la gobernabilidad que el país demanda. Paralelamente el Jurado Nacional de Elecciones JNE es una entidad manipulada por intereses políticos encarnados por su presidente, un comunista que, al igual que nuestros jueces y sus apéndices, los fiscales, no funcionan al encontrarse chantajeados por el poder Ejecutivo. Porque, amable lector, a los jueces, fiscales y a los miembros del JNE les nombra y remueve un órgano que en rigor dirige el Ejecutivo conocido como la Junta Nacional de Justicia. Hablamos de aquella ficción creada por el miserable Vizcarra para, desde ese pozo séptico, anegar a la Justicia, a la Fiscalía y al sistema electoral de gentuza digitada desde palacio de gobierno.

Sin embargo existe un cuarto poder en esta ecuación que, asimismo, navega al garete escorado entre vientos de fronda y calmas chicha creadas también desde el Ejecutivo. Nos referimos a aquella venida a menos prensa peruana, conquistada por el dinero del Estado desde que Montesinos impuso la compra de conciencia de periodistas. A partir de entonces, los gobiernos lo hacen formalmente vía contratos de publicidad pagados por el Estado peruano. Nos referimos a esa misma prensa que, además, es adicta a la manipulación del poder político, a la extorsión hacia a quienes le pone su puntería, y a las frivolidades que impulsa bajo criterios que administra como propios: la ideología de género, la defensa ecológica, la demanda de transparencia, la lucha anticorrupción, y muchos etcéteras.

Si a ese cuadro le sumamos la corrupción –lacra que empezó con Fujimori; aunque en el fondo, la mega corrupción se consolidaba desde las sentinas de la izquierda caviar (Toledo, Humala, Villarán, Kuczynski, Vizcarra), ya que estos sujetos están imputados por robarle centenas de millones de dólares al país- llegamos al sálvese quien pueda que estamos viviendo, y queda a un paso al caos que terminará hundiéndonos en el comunismo.

Este panorama es suficiente para entender que el origen del desastre nacional estriba en la venganza de la izquierda peruana. Porque, luego que Fujimori derrotase al brazo armado de esa izquierda -sendero/mrta- la facción roja caviar decidió eliminar al también corrupto Fujimori, quien había pacificado el país y superado el crac financiero producto de dos décadas de socialismo. Pero al hacerlo, la izquierda acabó también destruyendo la aún pobrísima institucionalidad y gobernablidad que había resurgido después de doce años de socialismo cubano impuesto por el velasquismo.

Conclusión. Tal es el grado de destrucción de la infraestructura política peruana, que el país está polarizado entre el comunismo/senderismo y un centro/derecha opositor muy fragmentado, con partidos atomizados, sin plataforma ideológica unida/consensuada. Esto vienen exterioriándolo los parlamentarios de agrupaciones presuntamente de centro y de derecha, que alegan representar a la sociedad.

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