Bloomberg provocó una batahola al afirmar que el Perú era el país más desigual del mundo, “pues el 1% más rico de la población recibe el 42% de los ingresos”. El BCR salió al frente indicando que es el 23%, según el World Inequality Database (WID), que registra la riqueza del Top 1% de la población mundial.
Hugo Ñopo de Grade, nos aclara que “fuimos víctimas de un sesgo cognitivo: el anclaje. Se nos dijo 42%, para luego decirnos que era 24%. Así se nos vio menos mal: esto equivale a que la próxima vez que me saque 08 en el examen, llegaré a casa diciendo que fue 05. Luego muestro el 08 ¡y listo! un poco de alivio” (11/3/21).
En efecto, Perú queda mal parado al compararlo con sus vecinos: el Top 1% de Ecuador acapara el 11.6%; Argentina 14.7%, Bolivia 20.2% y Colombia 20.1%. Ni qué decir, con los países desarrollados como Italia: 8.8%, Suecia: 9% o Francia: 10%. En Latinoamérica, solo nos superan México 28.7%, Chile 27.8% y Brasil 27.7%.
El INEI calcula el coeficiente Gini para medir la desigualdad de los ingresos con la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), en donde 0 es la igualdad perfecta y 1 la perfecta desigualdad. En Perú, el Gini se ha reducido de 0.51 a 0.47 en el período 2004-2018.
Sin embargo, Diego Winkelried, de la Universidad del Pacífico, sostiene que el INEI subestima el ingreso del Top 1%, porque lo calcula en base a encuestas, llegando a la errónea conclusión de que apenas alcanza el 8% de los ingresos (10/3/21). Javier Olivera, del Instituto Liser, observa que “mientras más rico se es, la fuente principal de ingresos no es la laboral, sino es la del capital, y eso no está medido en esta estadística” (11/3/21).
Bruno Seminario, que ha realizado una titánica investigación, señala que la ENAHO “incorpora un gran error en la medición, debido a que los hogares más ricos no responden la encuesta, con lo que se recoge un sesgo hacia una mayor igualdad” (Desigualdad (Re)considerada Perú 1997-2015). En su serie 1795-2015, se aprecia que el índice cayó durante la Guerra de Independencia y la Guerra con Chile, y luego pasó de un mínimo de 0.4 hasta 0.7 en el 2005, manteniéndose arriba de 0.65 en los últimos años”. Conclusión: somos los reyes de la desigualdad.
Thomas Piketty, la bête noire del liberalismo (“El capital en el Siglo XXI”), señala que en las últimas décadas, la riqueza acumulada crece más rápido que la economía, lo que aumenta la desigualdad y la hará insostenible en el largo plazo, porque la concentración de la riqueza del Top 1% de la población del Siglo XXI es similar a la que existía durante el feudalismo, y para corregirla propone una drástica política mundial de impuestos a las herencias.
Algunos pigmeos locales intentando replicar a Piketty, argumentaron que la disminución de la pobreza en el Perú era la prueba ácida para rebatir esta tesis. Ojalá que la pandemia haya logrado despertarlos de este ensueño, para que perciban que no es suficiente que una familia reciba mensualmente más de un sueldo mínimo y medio (la línea de pobreza del INEI) para que alcance el cielo.