Transcurridos ocho días de las elecciones de la segunda vuelta presidencial, el nivel de polarización ha llegado a un punto tal que trascenderá al resultado electoral que debería anunciar el Jurado Nacional de Elecciones, en el transcurso de la presente semana; aunque ya se atisba por el lado de las huestes que apoyan a Keiko Fujimori, que se manejan en una franja que va desde darle de largas a la revisión de actas hasta el próximo 28 de julio y la anulación del acto electoral.
Sea quien fuese ganador, legitimidad no la tendrá y será un gobernante precario, no solo por tener un Congreso disperso, sino porque los ánimos de ambos lados están crispados, con una actitud de negacionismo irreconciliable hacia el rival.
De perder Keiko, se dirá a través del concierto mediático que la acompaña, que hubo fraude; en cambio si gana, los seguidores del profesor Pedro Castillo, afirmarán que son víctimas del statu quo que le cierra el paso al poder. Cada uno tendrá su verdad, y ella prevalecerá.
En estas circunstancias será muy difícil gobernar, por el lado de Keiko, las posibilidades de cambio, inclusive dentro del modelo económico, no lo veo posible, colisionaría con los intereses de los grupos de poder que hoy la apoyan. Castillo también enfrentará una situación muy complicada, tanto al interior como en el exterior, primero, para definir la orientación y, segundo, si quiere implementar promesas como las expresadas en campaña, tendrá serios problemas con la legalidad.
No avizoro al mediador que calme los ánimos, el desenlace puede ser muy costoso en todos los aspectos. Tratando de hacer símiles, me viene a la memoria dos procesos: Ucrania 2004 y México 2006.
En Ucrania, en el 2004, el enfrentamiento electoral entre Víctor Yuschenko, pro occidente, y Víctor Yanukovich, pro Rusia, dio origen a la llamada Revolución Naranja, que permitió anular una elección y ungir presidente a Yuschenko, a pesar de todo el apoyo ruso hacia su adversario.
En México, en el año 2006, el hoy mandatario Andrés Manuel López Obrador (AMLO), acusó a su rival, Felipe Calderón, de hacerle fraude. Multitudinarias marchas de protesta a favor de AMLO resultaron insuficientes y Calderón ejerció su mandato. No sabemos en cuál de las dos direcciones se definirá la elección peruana.

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