En los últimos años, los retiros de aportes a las AFP o de las CTS han creado un fenómeno nuevo: el peruano pequeño capitalista. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática, 800 mil viviendas peruanas cuentan con el servicio de gas natural. Muchos de dichos inmuebles fueron comprados como una forma de inversión.
Usar este tipo de energía es una decisión racional, por ser limpia, barata y segura. Pero todo esto puede acabar, puesto que ya se escucha la palabra nacionalización. Así aquellos que invirtieron en un hogar con gas, se podrían meter en graves problemas para lograr rentabilizar su inversión.
Paralizar la industria de gas, representaría un grave retroceso a lo que hemos venido construyendo a lo largo de 20 años. Se señala que el gas aún beneficia a muy pocos, citando que menos de un millón de 32 millones de peruanos tienen acceso, pero esto es hablar a medias o con tinte populista.
El problema no está en la producción ni disponibilidad de gas natural (cuyo precio está entre los más bajos del mundo); la madre del cordero está en el desarrollo de la infraestructura domiciliaria. Así la solución no pasa por la nacionalización sino en destrabar y facilitar la masificación del gas, teniendo más casas con acceso.
De nada serviría al pequeño inversor, tratar de alquilar una vivienda con gas incluido, si no hay abastecimiento de este producto.
Por ello si caemos en la tentación de operar directamente podremos encontrarnos en un futuro cercano con discusiones que hoy rodea a la refinería de Talara. ¿Deberemos usar el poco dinero que tenemos para el COVID-19 en ello? Acaso no es mejor idea, que el productor actual vea cómo hace y de dónde saca el dinero para realizar las mejoras continuas.
Hoy se reinyecta en el subsuelo aproximadamente entre el 16 y 18% de la producción de gas de Camisea. Como se observa el problema no es la cantidad ni el precio, sino el acceso al cliente final.
La producción de gas llega indirectamente a todos los rincones del país a través de la electricidad que se produce con el gas natural y también a través del GLP que abastece casi al 80% del consumo del Perú. Aquí aparece otro mito: el costo es alto por factores internos.
El consumo de GLP en Perú ha crecido sostenidamente en los últimos años al punto que toda la producción actual de GLP de Camisea es destinada exclusivamente al abastecimiento local pero aún así no alcanza, el 20% debe ser importado. Como se observa la nacionalización tampoco solucionaría el déficit estructural de GLP y podría crear un grave problema de desabastecimiento.
Nacionalizar no soluciona nada, si no todo lo contrario, agravaría la situación actual. Si queremos seguir creciendo, el peruano pequeño capitalista necesita tanta estabilidad como el gran industrial que usa el gas en sus fábricas. Hagamos que la inversión, que puede representar toda una vida de trabajo, siga siendo rentable.

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