El Perú, gracias a sus pescadores artesanales, es líder mundial en la pesca de la especie perico (Coryphaena hippurus, también conocido como mahi mahi), cuya captura en el Mar de Grau representa el 50% del total global. El resto lo extraen Ecuador, Panamá, Costa Rica, Taiwán, China, entre otros. En nuestro país, ésta es la segunda pesquería artesanal más importante y genera más de 25 mil empleos. Hoy es consumido masivamente a nivel nacional y reporta exportaciones del orden de 100 millones de dólares anuales. Estados Unidos es el destino del 80% de nuestros envíos de perico y, precisamente en ese país, el mahi mahi es un producto altamente cotizado, en cuyos restaurantes encontramos una porción servida en un plato por 30 dólares o más.

Como es lógico, dichos consumidores exigen, cada vez más, que los productos marinos provengan de pesquerías con certificaciones de sostenibilidad, como el Marine Stewardship Council (MSC), que ha validado a cerca de 400 pesquerías en el mundo, y tiene como meta que 1/3 de las capturas globales puedan tener una certificación hacia 2030. La sostenibilidad no es una tendencia de moda, hoy es una exigencia mínima de los mercados que no podemos postergar para nuestras pesquerías y que, más importante aún, permite asegurar su disponibilidad para generaciones futuras de peruanos pescadores, consumidores e industriales.

En 2013, Perú y Ecuador se comprometieron a alinearse en este compromiso hacia la sostenibilidad, sin embargo, preocupa lo poco que se avanzó en nuestro país luego de 7 años. Recientemente, la reconocida institución Acuario de la Bahía de Monterrey, que tiene una guía con recomendaciones públicas de compra para consumidores americanos de distintas especies hidrobiológicas del mundo, ratificó la recomendación de EVITAR el consumo del perico peruano, debido al estancamiento en su proyecto de mejoramiento pesquero. Por otro lado, a nuestro principal competidor en el mercado, Ecuador, lo recomiendan como una BUENA ALTERNATIVA. Desde ya tenemos una pérdida de competitividad por la falta de operatividad de nuestro Estado, que no ha podido normar la pesquería como se comprometió, ni formalizar a la flota artesanal.

En 2016 PRODUCE aprobó un plan de acción para la pesquería de perico, que generó una luz de esperanza, previendo varias acciones que la fortalecerían en términos de investigación, manejo y capacitación. Esto fue reconocido por varias empresas estadounidenses (cadenas de supermercados, importadores y distribuidores), que en su momento enviaron cartas saludando la intención contenida en el plan, pero con el tiempo y tras pocas acciones, aquellas felicitaciones se transformaron en preocupación que también hicieron llegar a través de múltiples misivas al Estado peruano en los últimos años.

Estamos perdiendo mercado y competitividad por la falta de visión y acción, sin embargo, nos encontramos todavía a tiempo para revertir esta situación y poder alinear esfuerzos. La actividad informal, la falta de un reglamento de ordenamiento pesquero, las tortugas marinas que interactúan con la pesca, entre otros, son problemas que ya han sido identificados; y se conocen también los caminos de solución. Hay que ponerse en marcha en ese rumbo de inmediato. Se necesita a pescadores, industria y las ONG en conjunto, y lo fundamental, una clara convicción y liderazgo del gobierno. Las nuevas autoridades del sector deberían, cuanto antes, convertir esta amenaza concreta, en una oportunidad de desarrollo e inclusión. No actuar nos puede llevar a salir del circuito comercial de esta especie y a tener que lamentar una nueva oportunidad perdida.