Columnista - Phillip Butters

PPK, el IGV y el taxi

Phillip Butters

31 ago. 2016 00:00 am
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PPK es economista y empresario, ahora es Presidente del Perú, Zavala y Thorne son economistas y han trabajado en el Estado y la gran empresa, ahora son premier y ministro de Economía y Finanzas, sin embargo, y dicho esto con todo respeto a sus CVs y títulos académicos de las mejores universidades del planeta, están muy lejos de entender la mentalidad empresarial del emergente, es por ello que creen que bajando el IGV de 18 % a 15 % de manera progresiva van a lograr que peruanos que pagan 0 % decidan entrar a la “Boca de Lobo” de la formalidad y en vez de lidiar solo con sus clientes y competencia, van a decidir pagar por “algo que no les da nada” –IGV, ISC, Arbitrios Municipales, más un sinfín de trámites y multas administrativas- a cambio de tener un papelito que dice RUC y una “diplomita” que dice que tienen una licencia municipal. Craso error, el problema de la informalidad tributaria no es económico, ni financiero, es un tema de confianza y de costo/beneficio, en buen romance un tema cultural.

El emergente o empresario informal es el más capitalista de los capitalistas. No se apellidan ni Romero, ni Brescia, ni Benavides de la Quintana, tampoco Belmont, pero saben sumar y restar mejor que ellos. Saben perfectamente sus ingresos, sus egresos, y la diferencia es su ganancia. No han leído el “Misterio del Capital” de Hernando De Soto, ni tienen la más peregrina idea de en dónde queda Cambridge, u Oxford, y si les menciona al London School of Economics creerán que es una nueva cadena de restaurantes. Cuando escuchan hablar a PPK y sus ministros de la ampliación de la base tributaria mediante la rebaja del IGV, simplemente se ríen y siguen vendiendo “San Francisco”, sin factura.

El ejemplo más sencillo de entender es el del taxista. El empresario del volante paga IGV y ISC todos los días cuando llena su tanque. Paga IGV cuando afina su carro, combi, micro, o camión. Paga peajes y prefiere “coimear” a un policía si es que no ha sacado su revisión técnica que, dicho sea de paso, tiene una multa de ¡1,900 soles!, el equivalente al 70 % de su ganancia mensual. Algunos tienen SOAT para tener algún tipo de seguro. Pagan tasas de interés elevadísimas por sus créditos y cumplen con sus deudas. Ni uno solo tiene crédito fiscal. Si el Estado establece el “RUC del taxista” -se individualiza con su huella digital-, se acumularán sus impuestos diarios pagados y podrán acceder a EsSalud y a un terreno para Techo Propio o a una inicial de Mi Vivienda. Se dinamizaría el sector construcción. Solo en Lima hay 300,000 taxistas, más de un millón de limeños viven de ese negocio. ¿Y en todo el Perú? y ¿los contadores, bodegueros, y abogados? Imagine el efecto multiplicador en la confianza del nuevo contribuyente.

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