No necesitamos cambiar de modelo, necesitamos de un plan estratégico coherente.

Esta semana se cumplen once años del fallecimiento de mi amigo Esteban Hnyilicza. Para mí| uno de los mejores economistas peruanos. Su obra, plasmada en dos extraordinarios libros “De la Megainflación a la Estabilidad Monetaria” y “El Abrazo Invisible”, debería ser de lectura obligatoria en las facultades de economía de nuestro país. Sin embargo su legado continúa siendo ignorado por la mayoría de las economistas, el empresariado y la clase política en general.

Una excepción ha sido la mención que hace unas semanas ha hecho Richard Webb de su libro “El Abrazo Invisible”. Este libro versa sobre el vacío estratégico que existe en nuestro país debido a la existencia simultánea de fallas de mercado (desempleo, informalidad, monopolios, etc.) y fallas de gobierno (corrupción, sobrerregulación, inseguridad jurídica, controles de precios y salarios, etc.) que subsisten como consecuencia de la falta de coordinación entre el sector privado y el sector público. Esta constatación cobra actualidad con la presentación de los Planes de Gobierno de los diferentes partidos políticos que se presentan a la contienda electoral del mes de abril.

El vacío estratégico que hace mención Hnyilicza, es consecuencia de la dicotomía que existe entre la clase política, el empresariado y el ciudadano en general que pretende encasillar la actividad económica en dos paradigmas excluyentes y simplistas: (i) un sector privado neoclásico con un Estado minimalista y (ii) un Estado interventor y dueño de los medios de producción. Sin embargo la realidad es otra. Entre estos dos extremos existen un infinito número de posibilidades. Corresponde al Planeamiento Estratégico, plasmado en los Planes de Gobierno, definir las opciones entre estos dos extremos que más se adecuen a nuestra realidad y a nuestra coyuntura actual.

Lamentablemente los Planes de Gobierno (PdG) en nuestro país son una ficción. Un claro ejemplo es el PdG del partido PPK. De su lectura podemos concluir que ni un 10% de lo prometido se ha cumplido. Peor aún, su sucesor Vizcarra no solo no cumplió con lo prometido en el PdG de PPK, sino que violentó la Constitución y sometió a las instituciones. Su sucesor encargado de la presidencia y la presidenta del Congreso han resultado ser representantes de minorías por las que la mayoría del electorado no votó. Nos han dado gato por liebre.

La historia del progreso de las economías desarrolladas nos enseña que el empuje individual del emprendedor y el esfuerzo conjugado de iniciativas empresariales han sido los motores de su crecimiento económico. Pero la historia también nos enseña que los mercados eficientes, basados en precios determinados por la oferta y la demanda, que son la base de la división del trabajo y de las economías de escala, solo se ha logrado en países que cuentan con una red de instituciones capaces de generar un círculo virtuoso de confianza y de coordinación positiva entre los agentes económicos. Es justamente la concentración resultante de las economías de escala, el aspecto que genera las principales críticas a la concepción neoclásica del crecimiento económico, de parte aquellos que priorizan la igualdad y la inclusión, por encima del crecimiento económico.

En la mayoría de las versiones de la teoría del desarrollo, la realimentación positiva que propicia el desarrollo económico viene de una interacción entre las economías de escala a nivel del productor individual y el tamaño del mercado. Los métodos modernos de producción son potencialmente más productivos que los tradicionales (informales), pero su productividad es lo suficientemente más grande como para compensar la necesidad de pagar salarios más altos, sólo si el mercado es lo suficientemente grande. Pero el tamaño del mercado depende de la medida en que la gran mayoría adopte las técnicas modernas, y que su participación en la economía de mercado sea mayor que la participación de los trabajadores del sector tradicional (informales). Por lo tanto, si la modernización se puede iniciar a una escala suficientemente grande, será autosostenible, pero es posible que una economía caiga en una trampa, en la que el proceso virtuoso nunca se pone en marcha porque la participación del sector tradicional (informal) es mayoritaria.

La versión más clara y sencilla de esta historia fue presentada por Rosenstein Rodan en 1943 y la denominó el Gran Salto (“Big-Push” en inglés). Rosenstein Rodan, ilustró su teoría imaginando un país en el que 20,000 campesinos del sector tradicional (informal) son tomados de la tierra y puestos en una gran fábrica moderna de zapatos y reciben salarios sustancialmente más altos que sus ingresos anteriores en el campo. Esta inversión genera un ciclo virtuoso de más ingresos, más mercado para el sector moderno y más empleo, lo que a su vez genera inversiones similares en muchas otras industrias. Los supuestos clave de su argumentación fueron: (i) el supuesto de economías de escala, y (ii) la existencia de empleo agrícola de bajo pago (informales).

Nuestra realidad es muy similar, y no necesitamos de invertir en una fábrica moderna de zapatos, lo podemos hacer con la inversión en las mismas parcelas de los campesinos para transformarlas en parcelas agrícolas modernas de muy alta productividad. En el Perú las empresas agroindustriales exportadoras han venido integrando a los pequeños productores a sus economías de escala, al suscribir con ellos contratos de producción de materias primas. Estos contratos aseguran un precio atractivo para los productores y les permiten concentrar sus esfuerzos en lograr mayor productividad, sin tener que preocuparse por obtener financiamiento o comercializar sus productos, funciones que las empresas grandes pueden lograr más eficientemente. La valiosa experiencia de Sierra Productiva también lo demuestra. Lo que falta es replicarla a gran escala y en forma simultánea en todo el país para que genere el efecto del Gran Salto.

Una argumentación similar se puede hacer con la teoría de los encadenamientos hacia atrás y adelante (“linkages”) de Albert Hirshman, en la que una vez más el supuesto clave es la de economías de escala. Lo paradójico de estas teorías de desarrollo es, como lo ha argumentado el premio Nobel Paul Krugman en su libro “Desarrollo, Geografía y Teoría Económica”, que hayan sido olvidadas e ignoradas por los economistas no porque hayan sido teorías socialistas, contrarias al libre mercado, o comunistas, sino por que violaban el principio de retorno a escala constante, consagrado en la teoría del crecimiento neoclásico y necesario para garantizar un equilibrio estable de la economía.

La terrible crisis económica por la que pasamos ilustra la necesidad urgente de un “Big Push” para salir del estancamiento económico que ya veníamos experimentando en la década pasada y que la forzada cuarentena ha desnudado con niveles históricos de desempleo e informalidad. El debate de los Planes de Gobierno debería centrarse, además del combate a la pandemia y la seguridad ciudadana, en cómo lograr una reactivación económica que perdure en el tiempo y sea sustentable.

El Perú tiene más de tres millones de campesinos sumidos en la pobreza y marginados de la economía de mercado. Más de 70% de la fuerza laboral es informal que no es más que desempleo escondido. Los planes de competitividad que han planteado los gobiernos de los últimos 10 años han ignorado esta realidad. Es como querer tener un atleta de carrera de maratón bien entrenado y con todos los implementos modernos, pero cargando en sus espaldas una carga equivalente a 70% de su peso. Difícilmente ganará la maratón que representa competir en los mercados internacionales.

Lo que se necesita es un Big Push a través de un “choque” de empleo formal que aumente significativamente la productividad del país para salir del círculo vicioso a que nos ha llevado la antitécnica forzada cuarentena. Sin embargo, estamos yendo en el sentido contrario. La nueva ley agraria frenará el impulso que venía dando ese sector a la economía, con su constante crecimiento y su integración de muchos productores pequeños. Se requiere la participación de todas las esferas de la sociedad, no solo el sector privado que se encuentra muy golpeado por la crisis, sino también las fuerzas armadas, las iglesias, estudiantes, universitarios, gobiernos locales, ONGs en un programa concertado y estructurado para generar empleo productivo formal en el ámbito rural y el urbano marginal donde está concentrada la informalidad. Es lamentable que ni nuestras autoridades ni la mayoría de los candidatos presidenciales tengan como tema prioritario la implementación de un Big Push para la generación de empleo formal productivo y la disminución de la informalidad. (El contenido de esta columna se puede consultar en http://www.prediceperu.com/).